sábado, 12 de noviembre de 2011

...Y la gente que escribe

Causas operativas me han mantenido apartada del blog. No, no es frase hecha: hubo un problema técnico y no podía escribir.

Esta semana he presentado en Madrid "La vida después" por invitación de la FNAC Castellana. Si queréis ver las fotos, están colgadas en la página de FB de la novela.

Martín Casarieg hizo de maestro de ceremonias, y por allí estuvieron otros escritores: Ramón Pernas, Lola Beccaría, Fernando Marías, Maxim Huerta, Prado Antúnez, David Torres, Ángela Vallvey... Otros que no pudieron estar, como Silvia Grijalba, Pablo Núñez, Nativel Preciado o Espido Freire, me mandaron abrazos virtuales, que pesan tanto como los otros.

Tengo un montón de amigos en el gremio de los chupatintas. Por eso me hace gracia ese tópico de que los autores se llevan fatal entre ellos. Podéis creerme cuando os digo que eso es mentira cochina.

Llevo ya muchos años en esto (trece, exactamente), y tengo muchos más buenos recuerdos que malos de quienes son mis compañeros de armas. Por supuesto que me he encontrado con algún que otro cretino. Pero también los abogados, los médicos, los poceros y los sexadores de pollos tienen colegas a los que calificar de gilipuertas.

Conozco demasiadas muestras de solidaridad entre escritores. Gente que te llama para hacer un bolo bien pagado. Para formar parte de un jurado. Para colaborar en un proyecto interesante. Gente que te llama para tomar una copa a la salud de un libro, o para hacerte una reseña que ayude a la promoción del tuyo.

Cuando estuve haciendo promo en Valencia, Carmen Amoraga arañó un par de horas a su trabajo y a su familia para comer conmigo. Javier Sierra se llevó un ejemplar de "En tiempo de prodigios" para dárselo en mano a su editora americana. Espido y Fernando Marías, cuyas páginas en FB tiene cientos de visitas, colgaron el link de la web de "la vida después". El otro día, la gran María Dueñas, que vive desde hace dos años subida en la cresta de la ola del éxito literario con "El tiempo entre costuras", me mandó un correo cariñoso para felicitarme tras leer "La vida después". Luego, y sin saber que estaba en Nueva York presentando la traducción inglesa de su libro, le pedí una frase para usar en la promoción de la tercera edición de mi novela. Hubiese sido lógico que se negase, devorada como está por la promoción americana. En lugar de eso, en veinticuatro horas me mandó un texto escrito a la sombra de los rascacielos y de la promesa de un nuevo triunfo editorial.

Así de mal nos llevamos los autores.

Dentro de mi trabajo he hecho muchas amistades y un puñado de grandes amigos. Como mi adorado Félix Bayón, a quien va dedicado "La vida después". Félix se me murió hace cinco años, y pocas cosas he sentido más que su pérdida. Le recuerdo todos los días, y todos los días maldigo la suerte que me ha impedido compartir con él las cosas buenas que me han pasado en estos últimos tiempos. Cuando fui finalista del Planeta, la misma noche del Premio pensé en la copa que nos hubiésemos tomado juntos y en los muchos brindis que me he perdido por no poder compartirlos con él.

Para paliar un poco la ausencia de Félix Bayón, la vida me cruzó en el camino a Martín Casariego y a Fernando Marías. Son mis colegas y mis cómplices. Hablamos de muchas cosas, y tambien de literatura. Con Martín, además, comparto vecindario, y eso hace que podamos multiplicar nuestras posibilidades de encontrarnos en esta ciudad de locos. Martín es uno de los tipos más divertidos que conozco. Una vez, en Estados Unidos, estuvimos a punto de matarnos en una autopista de camino a las cataratas del Niágara porque nos dio uno de esos ataques de carcajadas irrefrenables. A Martín, que iba conduciendo, le nublaron la vista las lágrimas de risa, y poco faltó para que nos empotrásemos contra un trailer.

Es la primera vez que digo esto en voz alta, pero si uno tiene que morirse antes de tiempo, no se me ocurre otra forma mejor de hacerlo: en una autopista de Pennsylvania, junto a un gran amigo, a borde de un coche automático y en medio de convulsiones de risa.

Os lo cuento para que sepais a qué ateneros cuando os digan que los escritores se llevan mal.

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domingo, 14 de noviembre de 2010

Libros que cambian

Lo he dicho y escrito muchas veces: el de la relectura es un delicioso placer al que a veces renunciamos con la pobre excusa de que hay muchos buenos libros por leer. Yo, de vez en cuando, me regalo una segunda lectura (o tercera, o cuarta...) de textos que ya conozco.

La experiencia no siempre es satisfactoria. Esta semana volví a leer "Queixumes dos pinos", el poemario de Eduardo Pondal, y me gustó cien veces menos que cuando lo leí por primera vez. Encontré los versos rimbombantes, pretenciosos, vacíos incluso. Del volumen sólo salvaría el poema "Los pinos", que se eligió como hermosa letra del himno gallego. Para quitarme la espina reemprendí la lectura de Cabanillas con "Na noite estrelecida" y comprobé que, por fortuna, el texto no sólo resistía esa relectura, sino que incluso era mucho mejor de lo que recordaba. Así que disfruté de la particular versión de la leyenda artúrica y no pensé para nada en el libro que estaba dejando de leer para volver sobre los pasos de Cabanillas.

Wl blog de mi novela "Sombras" (www.valeriaoriol.blogspot.com) ha superado las siete mil visitas. No entiendo muy bien como funciona el asunto, pero esta bitácora, que lleva ya más de tres años, jamás ha tenido las trescientas visitas diarias que pueden contabilizarse en el blog de Valeria. No sé si debería alegrarme, pero, por si acaso, lo hago.

Recibo el indignado correo electrónico de una persona que me reprocha que haya llamado "minusválido" en un artículo a una persona que sufre una discapacidad física. Según me dice, por orden del consejo de ministros, ahora a los minusválidos hay que llamarles "discapacitados". Toma castaña. El consejo de ministros decidiendo que "minusválido" es un insulto... que me perdonen los implicados, pero que Pepe Blanco, Trinidad Jiménez o Bibiana Aído vengan a decirme a mí como hay que llamar a un señor que va en silla de ruedas hace que se me pongan los pelos como esparpias. Menuda manada de filólogos. Eso sí, mientras los jinetes del apocalipsis se sacan de aquel sitio reglas de corrección política, hay que hacer milagros para moverse en silla de ruedas por las ciudades.

Veo en el videoclub que ha salido a la venta la quinta temporada de "The Wire". El que no haya visto las temporadas anteriores, que aproveche para ponerse al día. Es una de las mejores series policiales que se han rodado, en dura competencia con "The Shield". Por cierto, David Torres, si lees estas líneas, recuerda que habías prometido pasarme la séptima temporada...

Hoy, El País Semanal publicaba un artículo mío sobre Henry Clay Frick, el multimillonario meoyorquino que logró reunir la mejor colección privada de arte de Estados Unidos, y a su muerte legó al público su casa y todos los objetos de arte que había reunido a lo largo de su vida. Fue, en su momento, el más generoso legado otorgado nunca por un particular. En 2010, la colección cumple 75 años. Es un lugar maravilloso, en la calle setenta con la quinta avenida. Como NY queda desdichadamente lejos, la web oficial ofrece visitas virtuales como sucedáneo de un paseo por la mansión.

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lunes, 22 de junio de 2009

Fin de semana al sol

Por favor, que no se me revuelvan los que se enfadan cuando doy cuenta de mi vida social. Ha sido un fin de semana al sol, pero también de trabajo: me fui a Canarias para hacer desde Las Palmas el programa de radio en el que trabajo. Vinieron conmigo el actor Juan Carlo Naya, el director de teatro Juan Carlos Pérez de la Fuente (que prepara el que puede ser el gran montaje teatral de la temporada que viene, "Angelina o el honor de un brigadier", de Jardiel Poncela, con reparto de lujo, vestuario firmado por Artiñano y una escenografía espectacular), Marta y Natalia, de producción - y con quienes pasé los ratos más divertidos del fin de semana - Valduque, que es técnico de sonido, y Rafael Sánchez, que es director del programa.

(Es el momento para que el sector crítico entre en barrena criticando el gasto y el dispendio de tanto viaje en tiempo de crisis. Para echar sal en la herida, les diré que comimos muy bien y nos alojamos en el Santa Catalina, tomamos el sol, nos dimos algúnn bañito y ganamos unas perrillas en el Casino del hotel)

El viernes estaba cerrando el equipaje para marcharme al aeropuerto cuando escuché la noticia del atentado y la muerte del policía Puelles. Ya en Las Palmas nos enteramos de todos los detalles de la espantosa agonía del pobre hombre, quemado vivo dentro de su coche mientras pedía ayuda. Confieso que me impresiona, para mal, el testimonio del vecino que dice que escuchó sus gritos, y que dice, lleno de razón, que como no podía ayudarle "encendí el coche y salir pitando". Ya sé que cada uno es como es, y no dudo que sería imposible acercarse al coche para sacar de él a la persona que pedía auxilio desde su interior - el fuego es terrible -, pero hay que ser de un pasta muy concreta para, ante semejante situación, largarse a toda castaña.

Luego, lección de saber estar a varias bandas: el presidente del gobierno y el jefe de la oposición entrando juntos en la capilla ardiente; los tres cuerpos policiales operativos en el País Vasco entrando a hombros el féretro del asesinado; el lehendakari diciendo lo que se tiene que decir y llamando a las cosas por su nombre... algo se mueve en Euskadi. El momento más importante, más incluso que el encendido y acertado discurso de Patxi López - el que sepa leer entre líneas, habrá entendido que los colaboradores de eta van a ser perseguidos con mucho más rigor que antes -, más incluso que las palabras emotivas y durísimas de Paqui, esposa de la víctima, el momento en el que un Ertzaina retiró la foto ominosa de un etarra colocada en un edificio entre aplausos de los vecinos de Arrigorriaga. Que sea la primera foto eliminada de un sitio público, pero que no seala última. Que desaparezcan todos los retratos de los asesinos a quienes los enfermos de mente estragada convierten en héroes.

Como siempre hay momento para las salidas de pata de banco, hoy el PNV sedescuelga diciendo que el discurso de Patxi López fue demasiado épico. Pues claro que lo fue. Ya era hora. Cuando hay que batirse el cobre con asesinos, no está mal echar mano de la épica y la llamada al corazón de la gente de bien. Porque para hacer discursos blandorrios y ambiguos ya estuvieron los chicos del PNV durante muuuuchos años. Como la gente quería que se empezase a llamar a las cosas por su nombre, los mandó a la oposición a chupar banquillo. Y apostaría a que por muchos años, pero eso ya se verá.

También han dicho los del PNV que la viuda no debería haber hablado. Por supuestoque no. Las viudas, en la sombra, de luto y con mantilla, con el negro en las medias y en el alma. Y calladas como puertas, no vayan a decir alguna verdad que nos sonroje a todos. Paqui, la mujer del agente asesinado, las dijo como puños y sin pasarse un pelo. Porque podría haber hablado más. Decir, por ejemplo, que si la consejería de interior del gobierno del PNV no hubiese estado conteniendo a la Ertaintza, a lo mejor hubiesen caído en el saco más terroristas, y hoy su marido no estaría carbonizado en una caja de pino. Por eso el PNV las quiere calladas como puertas. Lo que hace falta es cuajo y morro para decirlo en público.


Pues eso, que se callen las viudas y que hable el soplagaitas de Alfonso Sastre, que ya advierte al lehendakari que o se sienta con los pistoleros o vendrán muchos días de dolor. Me gustaría saber de donde saca la información el bisoño candidato para hacer esas afirmaciones con tanta rotundidad. Si lo que hace no fuera siniestro, Sastre resultaría por encima de todo un tipo ridículo. Si os queréis reir, podéis echar un vistazo al blog de mi amigo David Torres, en concreto alpost titulado "A Sastre le hacen un traje", dond J.M Mijangos da su versión hilarante de cómo se produce la entrada de Sastre en política, llevado por el ronzal de la feroz Eva Forest. Vamos, que el tipo está en esto por calzonazos.

En el viaje a ninguna parte, Sastre se llevó de compañero de fatigas a un gallego, Xosé Luis Méndez Ferrín. Ya sé, ya sé que a la mayoría el nombre no os suena. A los gallegos nos suena a todos, porque llevan años dando la matraca con que es un genio y un ejemplo de lasletras universales, y la leche en bote, y todos los años lo proponen al Nóbel, toma castaña - y todos los años, supongo, se organiza el mismo descojono en Estocolmo cuando llega la candidatura que pretende poner al pobre Ferrín al nivel de Camús, Doris Lessing o García Márquez. Lo cierto es que, de Piedrafita para allá, a Méndez Ferrín no lo conoce ni Dios bendito. Pero no se lo digáis a los que quieren que le den el Nobel, no se vayan a llevar un disgusto

La verdad es que Ferrín tiene su mérito. Y es listo como el hambre: ha sido capaz de vivir cómodamente cobijado bajo el amparo de todos los gobiernos que ha tenido Galicia, y todos - empezando por el del PP - le han mimado hasta la extenuación y el asquito. Ahora, Ferrín se asocia a Sastre para hacer el indio en las elecciones europeas - total, ya lo hace cada año en Estocolmo - y, además de llevarse el batacazo padre (tres mil cochinos votos tuvo su partido en Galicia), nos dejó para la historia perlas verbales, como lo que le contestó a un periodista que quería saber si le constaba que había miembros de batasuna en su candidatura: "Ni me consta, ni me deja de constar". Toma lección de gallardía, cintura y topicazo gallego, que ni sube ni baja.

Patxi, tío, pon a Sastre en su sitio. Y luego a los otros, que te lo están pidiendo a grito pelado.

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martes, 14 de abril de 2009

Recuerdos

Guillermo Busutil, de la Revista Mercurio, me pide que escriba un texto sobre Dubrovnik. Marcial y yo pasamos las vacaciones allí hace cuatro años, y no se me ocurre un lugar mejor para invertir el verano. La ciudad es preciosa, el mar azul y la cálido, la comida exquisita... el artículo me lleva de la mano por mis recuerdos de aquellos días de agosto. No tengo una sola foto: Marcial las guardó todas en su ordenador, y un virus se las llevó por delante, de forma que dependo enteramente de mi buena memoria para evocar las calles retorcidas, la fuente de Onofrio, las murallas blancas que seere reflejaban temblando sobre un mar en calma eterna... Guardo de aquellas vacaciones un puñado de buenos recuerdos, pero ninguno tan intenso como el de una tormenta nocturna de la que fuimos testigos. Fue fabuloso: hacía calor, y la lluvia era más un alivio que un incordio. El cielo parecía que iba a partirse en dos con cada relámpago, que las aguas de la bahía nos devolvían multiplicado con el estrépito de los truenos. Creo que cuando pase el tiempo y el resto de los recuerdos se desvanezcan como el azúcar en un vaso de agua, quedará siempre el poso de aquella tempestad sobre el Adriático.

Dias tranquilos antes de las jornada de San Jordi. Aprovecho para ponerme al día con el trabajo, para leer y para intentar cobrar media docena de facturas que tengo pendientes. Son las miserias de este oficio: perseguir a tus deudores con la conciencia de estar haciendo algo deshonroso. Desde el Ayuntamiento de Córdoba se me informa de que una factura presentada en noviembre de 2008 me será abonada en Junio de este año.

Ya que en mis finanzas sigue reinando el caos, intento devolver a mi casa un poco de orden. Vamos a hacer una librería nueva, y hoy han venido a tomar medidas. No quiero meter prisa al ejecutor de la obra, pero nadie sabe cuánto deseo tener un poco más de espacio para mis pobres libros, que andan amontonados por los rincones o esperan recuperar su sitio desde las cajas donde se almacenan hace ya dos años. Tendremos que mover un mueble y quitar un cuadro, pero me da exactamente igual con tal de que los libros me sean devueltos.

Esta tarde presento el libro de Mónica Sánchez, "La hija de Kafka". Mónica es una antigua compañera del doctorado. Ahora vive en Méjico, y hace tiempo que no nos vemos. Junto a mí hacen de maestros de ceremonias Mamen Sánchez y Mario Vaquerizo, que es original, auténtico y divertidísimo. Al acabar, Mónica me regala una preciosa sortija de artesanía mejicana que ahora llevo puesta.

Sigrid Krause, de "Salamandra", me envía un libro de Sándor Marai que acaban de editar, "Los rebeldes", y siento - como siempre - el placer venenoso de saber que me ha llegado antes de que llegue a las librerías. He empezado a leerlo, y es estupendo. Desde Galicia me llega una sorpresa inesperada: "La importancia de las cosas" estáde cuarto en la lista de libros más vendidos que publica semanalmente "La Voz de Galicia". Pido a mi padre que me mande por fax una copia de la página del periódico, como si necesitase una prueba tangible de lo que considero un magnífico regalo. Para compensar, Carmen, lectorade este blog y compañera de la infancia, me informa de que en Valladolid ninguna librería tiene el libro a la venta. Me descargo del disgusto con David Torres y con Martín Casariego, y practicamos unos diez minutos de necesaria terapia telefónica en feroz diatriba contra todo lo que pone palos en las ruedas de nuestro trabajo. La novela de Martín, "La jauría y la niebla", está funcionando muy bien, y se ha ganado justamente la atención de los medios. Si no la habéis leído, por favor, no dejéis pasar más tiempo.

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lunes, 24 de noviembre de 2008

Lo prometido...

Mañana me marcho, pero alguno de los lectores de este blog me reclaman - justamente - una respuesta. ¿Qué es el Hotel Kafka?, me preguntan, y yo caigo en la cuenta que a fuerza de ser familiar, acabo hablando de ese sitio como de una plaza que todo el mundo conoce.

El Hotel Kafka nació de una idea que rozaba la utopía y por la que muchos no daban un duro. Hoy confieso, con vergüenza, que estaba entre los escépticos que, hace unos dos años, fruncieron el ceño con extrañeza al saber que iba a abrirse en el corazón del barrio de Chueca un lugar concebido com punto de encuentro para aficionados a la literatura. Se van a estrellar, pensé con pena cuando pasé por primera vez ante el hermoso edificio de la calle Hortaleza donde tuvo su imprenta Pérez Galdós. Quizá porque la idea me parecía demasiado fabulosa como para funcionar. Fue Rafael Reig quien me explicó detenidamente el proyecto de Edu Vilas y Miguel Roig: crear un sitio donde pudieran impartirse talleres de escritura, donde se celebrasen conferencias y presentaciones, cursos monográficos, encuentros en torno al libro. ¿Y tú crees que eso puede funcionar?, le pregunté a Reig, quien meneó el bigote con aire misterioso de agente secreto bien infiltrado entre la gente normal.

Dos años después, el Hotel Kafka se ha consolidado como uno de los referentes de la cultura en Madrid, y también como mi segundo hogar, porque, además, está muy cerca del primero. A los que no lo hayais hecho, os invito a visitar su web www.hotelkafka.com , y a los que vivir en Madrid, os sugiero que os paseis un día por las instalaciones del Hotel. Tienen una pequeña librería, una máquina que hace un café riquísimo, un saloncito para improvisar tertulias, un punto de book crossing y media docena de aulas que, de octubre a junio, están a tope. Hay talleres de lectura y de escritura, y cada semana se presentan un par de libros en las dependencias del Hotel. Allí celebramos la concesión del Premio Logroño a Martín Casariego, y el casi Planeta de Ángela Vallvey, y aplaudimos a los últimos Ateneos.

Gracias al Kafka he conocido a gente estupenda, como el generoso Pedro de Paz - veo por todas partes su Documento Saldaña - , el alegre Loren o al propio Edu Vilas, con quien he iniciado una amistosa contienda en un concurso de albóndigas caseras. He profundizado en mi amistad con David Torres, a quien gracias al Kafka veo con más frecuencia, y descubierto a dos o tres autores que alguien ha tenido a bien poner a mi alcance. Cuando el ruido de una obra hizo imposible el trabajar en mi casa, la dirección del hotel me prestó una habitación para que mi novela no se estancase, y en estos meses cada vez que he necesitado un rato de desconexión he sabido a dónde dirigir los pasos: en el Hotel Kafka siempre hay alguien con quien pegar la hebra.

Por eso no os extrañe que hable del Kafka. Es mi casa, y la vuestra. Así que, los que todavía no os hayáis dejado caer por allí, daos una vuelta.

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jueves, 23 de octubre de 2008

O único que queda é o amor

Hace unas horas, un jurado de diez personas - una de ellas era yo - eligió esta novela de Agustín Fernández Paz como ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Confieso que voté por ella desde la primera ronda. Es un libro maravilloso, tierno, lleno de poesía y de amor a la palabra escrita. Por eso creo que acertamos doblemente al elegirlo como ganador. Leedlo, por favor. Aunque merece la pena hacerlo en su versión original en gallego, hay una traducción al castellano publicada por Anaya.

Hace un par de días quedamos a comer Martín Casariego, David Torres y yo. Martín ha descubierto una sencilla casa de comidas en el último piso de un edificio de la Calle Farmacia, donde hacen una fabada de esas que se te saltan las lágrimas. Así que allí nos fuimos Torres, Casariego y yo, dispuestos a soslayar la amenaza del colesterol y del cuidado de la línea.
- Aviso: yo quiero fabada. Sólo fabada - dije yo, que creo en las cosas claras
- ¿No pedimos un entrante?
- Yo, ni de broma, que me como las croquetas y luego dejo la mitad de las fabes en el plato. Vosotros a lo vuestro, y yo a lo mío: ración de fabada y punto.

Mis amigos hicieron caso de mi sabio consejo, y pedimos sendos platos de fabada, una barra de pan y una botella de sidra. A nuestro alrededor almorzaban jubilados, una pandilla de señores entrados en edad y seis señoras que hacía tiempo habían dejado atras la cincuentena. Éramos, con mucho, los más jóvenes de todo el local. De hecho, y aunque no dije nada, me di cuenta que al entrar el resto de la parroquia nos miró desde la convicción de que nos habíamos equivocado de sitio. Pero de eso nada: con la fabada no se juega.

Durante la comida hablamos de la crisis, porque somos así de originales,y también de la columna de David Gistau en "El Mundo". Gistau se alegraba de que media docena de Premios Nobel apoyasen al pobre de Roberto Saviano, al que la mafia está amargando la vida, pero se preguntaba a qué esperan estos señores tan listos para solidarizarse con Raúl Guerra Garrido o con Fernando Savater, a quienes ETA lleva años haciendo la vida más que imposible.

- Es que meterse con la Camorra es mucho más agradecido. Al final, se mueven sólo por la pela, y por eso es lícito ponerlos a parir. No piden la independencia, ni pueden presumir de presos políticos... así ya se puede meter uno con ellos. - decía David Torres, compartiendo los argumentos de su tocayo Gistau.

Como ya habíamos entrado en el tema de los monstruos,seguimos con ellos y hablamos de novelas de miedo. Mientras Martín aseguraba preferir Drácula, David y yo confesamos nuestra fascinación por Frankenstein

- Es que es una idea bestial: fabricar un hombre con los miembros de muchos hombres muertos.

Recordamos el título original: "Frankenstein o el moderno Prometeo".

- Pero lo mejor de todo es que es un libro excepcional hecho por una escritora mediocre - insistía David - porque Shelley era mala, pero mala con ganas.

- A mí la que me gusta es "Doctor Jeckyll y Mr Hyde" - decía Martín mientras David nos echaba miradas asesinas al comprobar que no éramos capaces de rematar la fabada. Yo seguí dando la tabarra con el Frankenstein de Shelley, pero David se pasó al bando de Martín para defender al doctor Jeckyll sobre todas las cosas.

- Y ¿"El hombre invisible"? ¿No os gustaba "El hombre invisible?"

En ese momento me di cuenta de que recordaba muy mal el libro de HG Wells. Lo leí hace tanto tiempo, que al querer rememorar la historia se me vienen a la cabeza las imágenes de la película, cosa que no me ocurre con Frankenstein, con Drácula o con el Dr Jeckyll. Quizá porque ninguna de las películas que recrearon a esos monstruos tienen la calidad de "El hombre invisible". ¿Quien no recuerda la famosa escena del pobre protagonista dejando sus tristes huellas en la nieve recién caída? No me atrevo a decirlo en voz alta, pero creo que quizá la película de James Whale es incluso mejor que la novela de Wells. Quizá porque las imágenes conseguidas son incluso más poderosas que la historia: nos lanzan en picado sobre el drama del hombre que no existe, o que existe sólo a medias porque nadie le puede ver.

Instantaneamente, y sin compartirlo con nadie, pienso en Roberto Saviano, abocado a la soledad y el exilio, a pasar el resto de la vida huyendo de la muerte. Haciéndose invisible en su patria y materializándose en una tierra distinta. Y pienso en otros, en la largalista de hombres y mujeres condenados a la autoexclusión, al alejamiento, a la triste condición de apátridas. ¿Hay peor forma de invisibilidad? ¿Una manera más cruel de demediar a una persona?

Nos acabamos la fabada y la sidra, y prometimos repetir la comida dentro de quince días, cuando nos hayamos recuperado de la digestión de la boa.

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