sábado, 12 de noviembre de 2011

...Y la gente que escribe

Causas operativas me han mantenido apartada del blog. No, no es frase hecha: hubo un problema técnico y no podía escribir.

Esta semana he presentado en Madrid "La vida después" por invitación de la FNAC Castellana. Si queréis ver las fotos, están colgadas en la página de FB de la novela.

Martín Casarieg hizo de maestro de ceremonias, y por allí estuvieron otros escritores: Ramón Pernas, Lola Beccaría, Fernando Marías, Maxim Huerta, Prado Antúnez, David Torres, Ángela Vallvey... Otros que no pudieron estar, como Silvia Grijalba, Pablo Núñez, Nativel Preciado o Espido Freire, me mandaron abrazos virtuales, que pesan tanto como los otros.

Tengo un montón de amigos en el gremio de los chupatintas. Por eso me hace gracia ese tópico de que los autores se llevan fatal entre ellos. Podéis creerme cuando os digo que eso es mentira cochina.

Llevo ya muchos años en esto (trece, exactamente), y tengo muchos más buenos recuerdos que malos de quienes son mis compañeros de armas. Por supuesto que me he encontrado con algún que otro cretino. Pero también los abogados, los médicos, los poceros y los sexadores de pollos tienen colegas a los que calificar de gilipuertas.

Conozco demasiadas muestras de solidaridad entre escritores. Gente que te llama para hacer un bolo bien pagado. Para formar parte de un jurado. Para colaborar en un proyecto interesante. Gente que te llama para tomar una copa a la salud de un libro, o para hacerte una reseña que ayude a la promoción del tuyo.

Cuando estuve haciendo promo en Valencia, Carmen Amoraga arañó un par de horas a su trabajo y a su familia para comer conmigo. Javier Sierra se llevó un ejemplar de "En tiempo de prodigios" para dárselo en mano a su editora americana. Espido y Fernando Marías, cuyas páginas en FB tiene cientos de visitas, colgaron el link de la web de "la vida después". El otro día, la gran María Dueñas, que vive desde hace dos años subida en la cresta de la ola del éxito literario con "El tiempo entre costuras", me mandó un correo cariñoso para felicitarme tras leer "La vida después". Luego, y sin saber que estaba en Nueva York presentando la traducción inglesa de su libro, le pedí una frase para usar en la promoción de la tercera edición de mi novela. Hubiese sido lógico que se negase, devorada como está por la promoción americana. En lugar de eso, en veinticuatro horas me mandó un texto escrito a la sombra de los rascacielos y de la promesa de un nuevo triunfo editorial.

Así de mal nos llevamos los autores.

Dentro de mi trabajo he hecho muchas amistades y un puñado de grandes amigos. Como mi adorado Félix Bayón, a quien va dedicado "La vida después". Félix se me murió hace cinco años, y pocas cosas he sentido más que su pérdida. Le recuerdo todos los días, y todos los días maldigo la suerte que me ha impedido compartir con él las cosas buenas que me han pasado en estos últimos tiempos. Cuando fui finalista del Planeta, la misma noche del Premio pensé en la copa que nos hubiésemos tomado juntos y en los muchos brindis que me he perdido por no poder compartirlos con él.

Para paliar un poco la ausencia de Félix Bayón, la vida me cruzó en el camino a Martín Casariego y a Fernando Marías. Son mis colegas y mis cómplices. Hablamos de muchas cosas, y tambien de literatura. Con Martín, además, comparto vecindario, y eso hace que podamos multiplicar nuestras posibilidades de encontrarnos en esta ciudad de locos. Martín es uno de los tipos más divertidos que conozco. Una vez, en Estados Unidos, estuvimos a punto de matarnos en una autopista de camino a las cataratas del Niágara porque nos dio uno de esos ataques de carcajadas irrefrenables. A Martín, que iba conduciendo, le nublaron la vista las lágrimas de risa, y poco faltó para que nos empotrásemos contra un trailer.

Es la primera vez que digo esto en voz alta, pero si uno tiene que morirse antes de tiempo, no se me ocurre otra forma mejor de hacerlo: en una autopista de Pennsylvania, junto a un gran amigo, a borde de un coche automático y en medio de convulsiones de risa.

Os lo cuento para que sepais a qué ateneros cuando os digan que los escritores se llevan mal.

Etiquetas: , , , , ,

7 comentarios:

Blogger Anita Noire ha dicho...

Buena gente hay en todas parte, y gente buena también. Muchas felicidades Marta, que la fortuna te siga acompañando y que te mueras de vieja en una cama, nada de una piña en una autopista, para que así la vista se te pueda nublar de risas, no cien veces, sino cien mil más.
Felicidades una vez más.

12 de noviembre de 2011, 10:35  
Blogger Más claro, agua ha dicho...

Si es que es imposible llevarse mal contigo... ;-)

12 de noviembre de 2011, 14:28  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Hermoso este canto a la amistad, Marta, y lo suscribo plenamente. Entre los escritores, al menos entre los novelistas hay la misma proporción de buena gente y de gilipollas que entre panaderos, estanqueros o buzos.
Un abrazo
D. Torres

13 de noviembre de 2011, 4:12  
Anonymous Anónimo ha dicho...

yo ya no entiendo nada,
cada uno siga como pretende,
su senda

"un amigo hace sufrir tanto como un enemigo" (proverbio arabe)

13 de noviembre de 2011, 14:10  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Encantado al ver que los problemas técnicos no han impedido que nos sigas contando cosas tuyas, que al final son nuestras y con las que yo al menos, sonrío y me hacen pensar más de una vez "anda, pero si es verdad" o "qué razón tiene". Es muy complicado llevarse mal contigo. Coincido con "Más claro, agua" y como dice el comentario anterior al mio, hay estúpidos en cada esquina, independientemente de a qué te dediques. En mi profesión abundan y además presumen de serlo ya que la excentricidad, según en qué círculos, se premia y mucho. Lo que más cuesta es hacerse a la idea de que esos mismos, son los que piensan de uno: "valiente anormal es este, qué se ha creido" Yo sigo firmando como anónimo porque me gusta pensar que sólo tú sabrás de quién viene este comentario. Chari.

14 de noviembre de 2011, 0:48  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Y digo yo... el "crítico que escribió esto se ha leído el libro? se ha enterado de algo? estudia la ESO?
Hay que corregir el descuido en el encargo que el dueño de la cinta con imágenes de la Garbo le hizo a su amigo anticuario inglés: no venderla y legársela al hijo de este (p. 343), cuando el anticuario aún tardaría muchos años en saber que tenía un hijo.
Por cierto, el libro me ha encantado y por cierto también ( esto para el crítico) mi abuelo le regaló un reloj a mi padre cuando este tenía 10 años y le dijo "este reloj no lo vendas, es para tu hijo" pues mira túuuu mi padre también tardó un montón de años en saber que iba a tener un hijo !!!!a quién se le ocurre!!!!
Abrazos desde Vigo Marta, tu libro es maravilloso.

16 de noviembre de 2011, 10:18  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Y,ademas,los que forman amistades a causa de la utilidad me parecen ciertamente de quitar el mas amable nudo de la amistad. Pues la utilidad conseguida por medio de un amigo no deleita tanto como el amor mismo del amigo; y aquello que ha salido de un amigo ,entonces se hace agradable si ha salido con afecto;

17 de noviembre de 2011, 19:58  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal