Mann
Por otro lado, no podemos perder de vista lo que significa "La montaña mágica" dentrode la literatura moderna, y el colosal ejercicio temporal que realiza su autor,capaz de manejar el tiempo como ningún otro escritor había hecho antes. Por eso lanovela sigue siendo grandiosa: por lo que innova, por lo que aporta, por lo que enseña. Y hay que leerla, claro. Aunque te aburras como una ostra viuda. Como me aburrí yo, aunque iba diciendo por ahí que me lo estaba pasando pipa con las andanzas de Hans Castorp.
Si de verdad quieres emocionarte con Mann, lee "La muerte en Venecia", una de los más hermosos texos que se han escrito. Y si quieres rubricar su condición de genio, léete "Los Buddenbrock".
Luego, comiendo con Edu Vilas, me contó que estaba leyendo "Moby Dick". Por primera vez, me dijo. Yo recordé entonces unaanécdota que contaba Mark Twain. Viajaba en un tren compartiendo vagón con un viajero que llevaba un ejemplar de su novela "Hucleberry Finn". Sin identificarse, Twain preguntó al viajero si ya había leído el libro, y el tipo contestó "Por desgracia, sí". Twain notó que se le encogían las tripas, pensando que el hombre iba a enredarse en un diatriba contra su historia, pero añadió "porque eso me priva del inmenso placer de leerlo por primera vez".
Yo, al contrario que el compañero de viaje de Twain, creo que no hay placer como el de la relectura. Por eso, de vez en cuando vuelvo a darme un chapuzón en madame Bovary, Cien años de Soledad o el Gran Gatsby: para recordar que en todo hay clases. Sólo hay un libro que no me atrevo a releer: el Werther de Goethe. Lo leí hace veinticuatro años, cuando acababa de cumplir los quince, de un tirón, sin respirar, con el corazón latiendo y el cerebro en estado de ebullición: yo, que me consideraba una buena lectora, acababa de descubrir la literatura con mayúsculas. No he vuelto al Werther porque sé que el libro no podría ya provocar en mí el cúmulo de sensaciones inéditas que despertó cuando tenía quince años, igual que ningún beso es igual al primer beso que damos. Hay sensaciones únicas que es inútil buscar por segunda vez, porque están tocados con el marchamo de una magia privilegiada que sólo se da en una ocasión. Después, claro, se rompe el hechizo.
Otro hallazgo: la novela "El encuentro", de la escritora holadesa Simone van der Vlugt. Un "thriller" excelente que me mantuvo en vela toda la noche pasada. Os lo recomiendo incluso si no os gusta el género.
Esta mañana, largo paseo por el Retiro respondiendo a las preguntas de los chicos del programa "Femenino Singular", de Literalia TV. Justo cuando acabamamos tengo un mensaje de Pérez de la Fuente, que acaba de sacarnos entradas para ver la semana que viene "Muerte de un viajnte", que dirige Mario Gas en elTeatro español. Me encanta Miller. Hace tiempo escribí un texto sobre su infeliz matrimonio con Marilyn Monroe. Un autor excelente, un hombre que podía comportarse de forma despreciable, aunque tal vez él no lo era. Y esa es la pregunta: ¿se nos puede juzgar por un acto en concreto? ¿Quien es Miller? ¿El tipo valiente que se enfrentó a Mc Carthy y sus muchachos durante la época ominosa de la caza de brujas, o el miserable que acosaba psicológicamente a su esposa desquiciada. Respuesta: no o sé. Por eso prefiero pensar que Miller es el maestro que escribió "Las brujas de Salem" o "Muerte de un viajante". Y en eso pensré el próximo jueves, cuando se apaguen las luces del teatro y empiece la función.
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