domingo 15 de noviembre de 2009

Los niños tristes

El sábado por la mañana, como la mañana de todos los sábados, leí "El País Semanal". En esta ocasión, un número muy especial: el dedicado al 20 aniversario de la Convención sobre los Derechos del niño. Veinte historias de veinte niños para despertar conciencias, para despertar voluntades, para despertar lectores. Para recordarnos, en definitiva, dónde están las cosas que importan. Para recordarnos el privilegio infinito que tienen nuestros niños frente a todos losniños tristes del mundo.

Las historias que recoge El País desgarran el corazón de todo el que lo tenga. Está la historia de Rozi, que tiene nueve años y quiere ser bailarina. Rozi vive en Delhi, en un orfanato de Salesianas, adonde llegó cuando la encontraron, con tres años, vagando sola por las vías del tren. La historia de Victoria, la niña Moldava con parálisis cerebral que quería una muñeca. La historia de Joana Niamet, que viven en uncampo de refugiados de Beirut. La historia de Sita, que tiene nueve años y trabaja como asistenta, y de Gita, que machaca piedras en una cantera y aún saca fuerzas para ir al colegio dos horas diarias. Está la historia bellísimade las madres canguro de Senegal, donde un médico dispuesto a hacer milagros ha creado un método para rescatar a los prematuros de una muerte segura colocándolos junto al seno materno. Cuatro mujeres senegaleses, bellas como diosas, posan para la cámara de Isabel Muñoz sujetando, orgullosas, su posesión más preciada: los bebés diminutos que aman por encima de todas las cosas.

A veces uno tiene la suerte de que alguien le complete una historia. Tras leer el especial de El País, me encuentro con Rafael Ruiz, responsable de algunos de los veinte reportajes de este número especial. Y recuerda para mí la historia de Oualid, el niño marroquí hijo de una modesta familia, cuyo único juguete era un balón hecho de plástico. Para hacer la foto, Rafa le propuso posar con una cometa que no tenía,y que el periodista se ofreció a comprarle. Al entrar en la juguetería, le invitó a escoger otro juguete. Y Oualid, que tiene trece años, que vive en una casa desvencijada y pobre en un barrio marginal de Tánger, Oualid, que no sabe quienes son los reyes magos ni eurodisney ni el raton pérez rechaza la generosa oferta: ya tiene un balón... y ahora, además, tiene una cometa. ¿Qué más puede querer Oualid?

Los niños tristes que protagonizan este número especial nos dan a todos una inmensa lección de vida. Agradezco a la suerte que los niños que me rodean noson niños tristes. Nunca han tenido que trabajar. No saben lo que es el hambre, ni la falta de medicinas, ni la ausencia de juguetes. Pero es bueno recordar que existen estos niños, y que hay cosas que desde nuestra atalaya privilegiada del mundo que nos ha tocado en la extraña lotería de la vida, podemos hacer por ellos.

domingo 8 de noviembre de 2009

Cuando un amigo se va... de "Público"

Me enteré la semana pasada: mi amigo Rafael Reig se iba de Público. Bueno, no se iba. Lo echaban. Porque Reig es demasiado rojo, incluso para "Público". Demasiado rojo y demasiado independiente y demasiado libre. Sobre todo para "Público", que baila al son que le tocan desde Moncloa.

Para la izquierda exquisita que representa "Público", el periodismo libre consiste en dar estopa al PP e idolatrar hasta la muerte al PSOE. Eso quiere decir que hay que ser honesto y valiente y decir que Mariano Rajoy es un inútil, Costa un chorizo, Camps un manguta y un meapilas, Fraga, un viejo gagá y Esperanza Aguiree... bueno, vamos a callarnos lo de Esperanza Aguirre. También se vale pedir el procesamiento de Aznar, la silla eléctrica para George Bush y la picota para Ana Botella, con su frutero de peras y manzanas. Eso está muy bien. Pero sólo eso. Porque los malos están a la derecha y los buenos a la izquierda. Y si un columnista más rojo que los rojos tiene redaños para poner los puntos a Zapatero y compañía, entonces se va a la puta calle. Pero eso no es censura ¿eh?

Ya se sabe que en este país nuestro sólo censuran los otros. "Público" no censura. Porque es un diario de izquierdas, progre, guay, un periódico molamazo, chachi piruli, modelno que te cagas. Por tener, tenía hasta un director de treinta y tantos años. Bueno, lo tenía hasta que se lo cargaron para poner en su lugar a un periodista que peinaba canas. Félix Manteira. Un gran tipo, a decir de todos los que han tenido el gusto de trabajar con él.

El tipo que se cargó a Rafael Reig.

Yo no le echo la culpa a Manteira. Todos tenemos un jefe. A todos nos dan órdenes. Y a él también. A Manteira le dijeron "a ese te lo cargas", y Manteira, supongo que con todo el dolor de su corazón, se la envainó, y se olvidó de qué según las encuestras de calidad, la sección de Reig era la más seguida por los lectores de "Público", se olvidó de que el tipo que tanto incomoda a este Gobierno (o desgobiero) es una de las voces más originales que ha dado la narrativa española en los últimos años, se olvidó de la ética de los viejos directores de periódico - esos que ya sólo existen en las películas de blanco y negro - y puso a Reig en la puta calle.

Yo a veces compraba Público. Y no siempre por las pelis, ni para cachondearme de las primeras planas, que muchos días parecían una coña marinera. Lo compraba porque me gusta leer a Rafael Reig. Ahora que él no está, el periódico se ha convertido en un diario gratuito que se vende, o en un periódico a medias: con la mitad de páginas, la mitad de calidad y la mitad de sentido común que los otros que hay en el kiosko. A lo mejor por eso cuesta la mitad.

No te van a cobrar lo mismo por un kilo de jamón que por quinientos gramos, digo yo.

A la gente el despido de Reig le ha sentado muy mal. Anda por ahí un manifiesto protestando por su expulsión del paraíso - suponiendo que "Público" lo fuera,que es mucho suponer - y yo no lo he firmado porque nadie me lo ha pasado. Pero no pierdo la esperanza, porque aunque no soy roja, ni progre, ni nada de eso, creo en la libertad, y en el talento, y en el columismo honesto, y en las personas que escriben como piensan y piensan lo que dicen.

Creo en Rafael Reig y en todas las cosas que él representa.

A pesar de lo rojísimo que es Rafael. O, a lo mejor, precisamente por eso.

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domingo 1 de noviembre de 2009

Libros, películas, Flotats... y el mercado avaricioso

Fui ayer al Infanta Isabel, a ver "Encuentro de Descartes con Pascal Joven". La obra es aburrida, pero la magistral interpretación de Flotats hace olvidar la mediocridad del libreto. El mismo texto, con otro actor, sería francamente insufrible.

Leo "Las largas sombras", de Elia Barceló. He dicho muchas veces que noy aficionada a la novela negra, pero esta merece la pena.La trama es original, y está muy bien escrita. La leo casi de un tirón entre la noche del sábado y la tarde del domingo.

Por lo demás, la semana ha sido intensa: el martes, miércoles y jueves participo en las jornadas de periodismo y literatura que, en homenaje al bicentenario de Larra, organiza la Asociación Colegial de Escritores. Excelentes ponencias y escaso público,lo cual provoca en todos una leve sensación de desánimo y hace que nos preguntemos si merece la pena organizar este tipo de actos, que está claro que no parecen interesar a nadie.

El tiempo que me quedó lo pasé encerada en la biblioteca preparando la conferencia que tengo que dar mañana en el Instituto de Empresa. Para prepararla vuelvo a leer "La Regenta" y "Madame Bovary", y me regalo la lectura de "El primo Basilio", de Eça de Queiroz. Si a Clarín y a Flaubert los tengo más recientes, hacía siglos que no leía nada de Queiroz. Recuerdo "A ilustre casa de Ramirez", leída e la Universidad, y rememorada cada vez que voy a Lisboa y me alojo en "A casa das Janelas Verdes", donde Queiroz pasó muchas temporadas. Hoy por la tarde repaso "La señora del perrito", de Chejov, y recuerdo a Marcelo Mastroianni haciendo de Dmitri Goudov en la bellísima "Ojos Negros", de Mijhailkov. Como olvidar aquella escena en que el viejo seductor se sumerge en una piscina llena de lodo para recuperar, impertérrito, el sombrero que pertenece a la mujer que ama. Reflexiono una vez más sobre el inmenso placer de las relecturas.

Veo por primera vez "Gran Torino", del genio Clint Eastwood. No fui al cine cuando la estrenaron: como me estoy haciendo vieja, cada vez soporto menos a losdevoradoresde palomitas y a los idiotas empeñados en comentar la película a voz en grito, a los que hay que añadir ahora a todos los capullos que se dejan el móvil encendido, por no hablar de los que contestan y hablan sin recato. Por eso prefiero esperar un poco - cada vez menos: tres, cuatro meses - ,alquilar las cintas en la tienda y verlas en mi casa. "Gran Torino" conmueve y emociona. Es un gran guión espléndidamente dirigido e impecablemente interpretado por uno de los mejores.

El viernes leo en el periódico que un grupo de intelectuales firman un manifiesto contra la crisis y "el mercado avaricioso". Supongo que al hablar del mercado avaricioso se refieren a todos esos empresarios que tienen la osadía de querer ganar mucho dinero. Me sorprende ver entre los firmantes al inmenso Joaquín Sabina, a cuyos conciertos he ido pagando y cuyos cds compro religiosamente. Más gracia me hace distinguir entre los firmantes a un escritor cuyo nombre oculto a peticiónde quienme contó la anécdota, y que hace unos meses no quiso reunirse con un grupo de lectores jóvenes porque sólo podían pagarle cuatrocientos euros. Cuando me contaron la historia, defendí al colega - que no es, precisamente, santo de mi devoción - pues creo que cada uno de nosotros tiene perfecto derecho a poner precio a su trabajo. Y si él considera que tiene que cobrar mil euros por pasar una hora con sus lectores, hace bien en no aceptar la reunión si sólo pueden pagarle menos de la mitad. Es legítimo que un autor, que al fin y al cabo es su propia empresa, ponga un precio a sus apariciones públicas y valore según su criterio lo que debe percibir por emplear su tiempo en actividades colaterales. Este autor lo hace, y no me parece mal.Pero cuando veo la cara y la firma del tipo denunciando la avaricia del mercado, la verdad es que me da risa. Y un poco de grima también.

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domingo 25 de octubre de 2009

... y ahora, Larra

Hace unos días, cuando la corazonada olímpica de Madrid se convirtió en calabaza,escribí un post dudando de la idoneidad de Río para acoger unos Juegos Olímpicos basándome en su condición de ciudad insegura. Alguien leyó mi afirmación, y me contestó de forma airada asegurando que Madrid era una ciudad mucho más peligrosa que Río de Janeiro. Pues bien, en la última semana han muerto más de cuarenta personas en tiroteos entre la policía y los moradores de las favelas. Además, poco a poco aparecen datos preocupantes como que, desde dos mil cuatro, han muerto al menos dicinueve turistas víctimas del fuego cruzado entre bandas rivales. Sin comentarios. No sé que pasará de aquí a 2016, pero a lo mejor han echado cuentas y han pensado que tednrán tiempo a exterminar por la bravaa todos los maleantes antes de que el fuego olímpico llegue a las playas de la Cidade Maravilhosa. Si en una semana han muerto casi cincuenta personas, en siete años Río puede parecer una verdadera balsa de aceite. Lo que pasa es que no son formas, digo yo.

Leo "Lejos de dónde", de Edgardo Cozarinsky. No había leído nunca a este autor, publicado en España por Tusquets. Me ha gustado su historia y la forma de narrarla. Esta misma tarde he empezado "Alfred y Emily", de Doris Lessing, en edición de Lumen. Una gozada cuya lectura había ido aplazando, como uno deja el mejor chocolate para comérselo cuando ya no queden más en la caja.

Paso el viernes en Badajoz, en el fallo del Premio de Novela. Siempre que participo en un jurado tengo la sensación de estar cometiendo una injusticia con alguien. Me da lástima ver que,de las dos o tres novelas que llegan a la última votación, sólo una puede llevarse el gato al agua. Por eso termino las deliberaciones de mal humor y sintiéndome especialmente insegura. Esa noche hago mi intervención en La Linterna desde Cope Badajoz. José Luis y su mujer, Eva, tienen la gentileza de esperar a que acabe mi trabajo para llevarme después a la fiesta en la quese hará público el fallo de los Premios.De camino, hablamos de la sublime carne de retinto, que sólo puede comprarse en Extremadura. Siendo como soy una ardiente defensora de la ternera gallega, no me queda más remedio que rendirme a la exquisitez de la raza retinta, gran desconocida para muchos. Luego comparto pinchos y charla con Luis Alberto de Cuenca, Fernando Marías y Espido Freire. Observo, fascinada, a un cortador de jamón,que se mueve como un violinista mientras va llenando los platos.

Esta semana será intensa. La Asociación Colegial de Escritores ha preparado unas jornadas de Periodismo y Literatura en homenaje al bicentenario de Larra. La Casa de Galicia será nuestra anfitriona para celebrar tres mesas redondas en las que intervendrán periodistas y escritores. He colaborado en la Organización, así que mi nivel de preocupación se multiplica al pensar en las posibilidades de que algo no salga todo lo bien que debiera. Como, además, la semana siguiente tengo que dar una conferencia en el Instituto de Empresa, debo hacer encaje de bolillos para cuadrar el tiempo. Mi novela juvenil espera desde las ciento veinte páginas que tengo remataas, un final que debería ser inminente. La buena noticia es que ya tengo editor, de forma que me he quitado un peso de encima.

Hablo con una amiga catalana del bochornoso caso Millet, el sofisticado chorizo que parece que se lo llevaba crudo con fondo de música de Mahler, de Bach o de Bellini. En todo hay clases, claro: el alcalde de El Ejido tareaba quizá el Porompompero mientras Milet, catalán y finolis, melómano exquisito, oía el Minueto de Boccherini sintiéndose diferente, supongo, de toda esa grey indeseable que se mete el dedo en la nariz y no conoce otra banda sonora vital que la que desgranan los cuarenta principales. Millet es un tipo aparte, un jetas de lujo, un vividor exquisito, que en vez de celebrar las bodas de sus hijas en un hotel, o en los salones Carlton -con tarta descendente y espada para cortarla - , elegía rodearse de la belleza del Palau de la Música para que el día de las niñas fuese inolvidable. Dicen que tras convertir en restaurante el escenario y el patio de butacas, Millet se olvidaba de pagar la cuenta, pero ¿qué son esas cosas menores? ¿quien se preocupa del vil metal cuando su vida está jalonada de belleza? ¿no es hortera el dinero? ¿no es de mal gusto que eche cuentas el mismo fulano que tiene orgasmos al ritmo de Haendel? Mi amiga S. se sorprende que el caso de Millet no haya revolucionado a los barceloneses, a la intelectualidad catalana, tan llena de "seny", tan sobria, tan caracterizada de buen gusto. Pero, como yo le contesté, también tenía buen gusto el señor Millet. Buen gusto y buena suerte: está acusado de chorizar veinte millones de euros, pero sigue durmiendo en su casa. Los hay con suerte.

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martes 20 de octubre de 2009

Lluvia

La primera lluvia del otoño - una lluvia distinta, más gris y más fría que las lluvias fugaces del verano - me sorprende en Salamanca, adonde acudo a participar en un Congreso. He estado varias veces en la ciudad, y me sigue sorprendiendo su belleza de piedra color ocre. Desde la ventana de la habitación de mi Hotel se pueden ver las cúpulas de la catedral, pero la inminencia de un gripe me priva del paseo nocturno.

Hoy, mesa redonda en el aula magna de la Facultad de Filología con Martín Casariego y Román Álvarez, decano, anfitrión y moderador del encuentro. Hablamos del exilio de los intelectuales republicanos ante un público escaso y atento. Fuera, en la Plaza Anaya, la lluvia arranca nuevos colores a las piedras. Al salir, me sobrecoge la soberbia belleza del claustro de la facultad, y pienso en cuánto le hubiese gustado a mi abuela Blanca saber que su nieta había hablado en la universidad de Salamanca, tierra prometida de los saberes incluso para aquellos que tienen más cerca la universidad de Santiago.

De Santiago hablamos Martín y yo. Más que de Santiago, de la mani que organizaron el domingo los de "Queremos Galego". Cincuenta mil almas dicen que reunieron. Lo pongo en duda - cuestión de sentido común - pero nada más que eso. Fue una marcha legítima y pacífica, gracias a que los que defendemos el bilingüismo no somos aficionados a reventar el ejercicio de la libertad de expresión del que piensa distinto. Todavía recuerdan las piedras de Fonseca el salvajismo de los borrokiñas cuando Galicia Bilingüe movilizó a los gallegos para reclamar igualdad de derechos entre las dos lenguas oficiales. Allí hubo insultos a tutiplén, amenazas varias, agresiones, pelotas de goma y contenedores quemados. Esta vez todo fue como la seda: los Queremos Galego pasearon por las calles de Compostela reclamando lo suyo, y fueron alegremente secundados por los chicos del Bloque - sólo faltaría - y los del PSdG, que no aprenden la lección. Perdieron las últimas elecciones por ir de la mano de los nacionalistas y por dejar que ellos dictaran la política lingüística, y parecen estar decididos a convertir a Feijoó en presidente eterno, hasta que se canse y quiera buscar mejores destinos. Y por si hubiera alguna duda, allí estaba el ministro Caamaño, con un discurso tremendista y cursilón, no sé si fruto del delirio en estado puro o de la intención de ser el próximo candidato por el PSOE a la Xunta.
de Galicia.

En un penoso ejercicio de estupidez, Caamaño empezó diciendo que estaba en la mani representando al gobierno de Zapatero, y que Feijoó quería que desapareciese el gallego de la misma forma que desapareció el latín. Hoy ya se la envainó, tras recibir más de un toque incluso de sus huestes. Por cierto, algún alma caritativa debería informar a ese ministro que tanto ama el gallego que en el idioma que tanto quiera y que tanto usa se dice "lingua" y no "lengua". Así es como se escoñan los idiomas, señor ministro: hablándolos mal.

En una de las pancartas que fabricaron los diligentes manifestantes se podía leer "Aprender en galego non é delito". Completamente de acuerdo, benqueridos paisanos. Y pregunto yo... ¿aprender en castellano sí lo es?

El discurso victimista de los manifestantes confundiría hasta el tuétano a todo el que no conozca de cerca la realidad del gallego, que se usa libremente en la vida pública y privada, y cuyo único problema es que hay muchos que se niegan - nos negamos - a utilizarlo por narices y a amarlo a la fuerza, que es lo que pretendían las huestes de Bugallo durante el olvidable - dichosamente superado - bipartito contranatura, donde, por cierto, acabaron todos a palos. Es curioso que, cuando en Galicia el Bloque presenta serios problemas de cohesión (el otro día un amigo nacionalista me hablade la posibilidad de escisión) y un PSdG a la deriva, hayan elegido la lucha por el asoballamiento del idioma como leit motiv para luchar contra el PP. No os equivoquéis, queridiños: el gallego no es el Prestige.

Y, como lo cortés no quita lo valiente, enhorabuena por reunir a tantas almas - cien mil según vuestras cuentas, treinta mil según la policía municipal, muchas menos según mi amigo S que viveen el centro de Santiago. Sea como fuere, y para ser justa, reconoceré que junto con la clásica Feria de As San Lucas en Mondoñedo, vuestra manifestación ha sido el más brillante espectáculo de este fin de semana en mi tierra gallega.

Leo dos novelas que me entusiasman: "Tengo quince años y no quiero morir", de Christine Arnoty, el relato de una adolescente judía que tiene que vivir encerrada en un sótano de budapest durante la ocupación nazi, e "Historia de un matrimonio", de Sandrew Sean Greer, una novela bellísima que narra una historia de extraordinaria dureza con una sorprendente, exquisita sensibilidad. Literatura en estado puro para curarnos de las muchas estupideces que jalonan la vida, esta vida, nuestro mundo.

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lunes 12 de octubre de 2009

Volviendo de casa

Fin de semana en mi tierra, tan apretado de actividades que no he podido hacer lo que más me gusta cuando vuelvo a casa: ver a los amigos. No he podido encontrarme con nadie: salvo un abrazo fugaz con Úrsula en una de las casetas del pulpo, con respecto a los reencuentros es como si hubiese pasado estos días en cualquier otro sitio.

La cosa empezó mal el viernes: llegamos a Lugo a las dos de la madrugada a consecuencia del atasco monumental que se montó a la salida de Madrid. Mi padre estaba preparado para salir a cenar, y tuvimos que llamarle a mitad de camino para decirle que se olvidase de nosotros: cenaríamos de camino, y llegaríamos cuando la suerte lo permitiese.

El sábado por la mañana amaneció lluvioso... y tardío. Tiempo justo para ir a la peluquería, comer algo rápido y hacerme una foto con una camiseta para promocionar Lugo. Es una iniciativa del diario El Progreso, y se trata de que los lucenses luzcamos una camiseta con el lema "Soy de Lugo y no lo niego", en mi caso, escrito en inglés:"I´m from Lugo and don´t deny it".

Luego me voy a la boda de mi primo, Suso, en La Coruña. Reencuentro con la familia, abrazos, besos, batallitas varias, recuerdos de infancia entre los primos. Una ceremonia preciosa en la Colegiata, oficiada por un compañero de micrófono en Al sur de la Semana: el padre Ángel. Regresamos a Lugo a las cuatro de la madrugada. Cruzamos la ciudad en fiestas, entre rechiflas más o menos afortunadas de los botelloneros.

Al día siguiente celebramos en familia el Domingo de las Mozas. Me paso el día con mi padre, mi hermana y mis sobrinos, que están como motos con el ambiente festivo. Paseo con ellos por las barracas, y me llama la atención de que, a pesar de que los críos conocen dos o tres parques temáticos, incluído Eurodisney, les sigue ilusionando dar vueltas en el Tren de la Bruja, donde un payaso cotroso les arrea con un plumero. El tren es el mismo en el que me montaba yo - quizá el payaso cotroso también sea el que me dio escobazos durante los años de infanci - y también es el mismo el carrusel de caballitos. No resisto la tentación de acompañar a Marta y a Nachete en mi viaje en el tiovivio, y recuerdo los versos de Machado: "Pegasos, lindos pegasos / caballitos de madera / Yo conocí, siendo niño / la alegría de dar vueltas / en un corcel colorado / en una noche de fiesta... " Es bonito pensar que en estos tiempos, cuando los niños tienen más cosas, mejores juguetes y muchos más estímulos, siguen emocionándose con un caballo de madera que sube y baja al compás de la música.

Comemos el pulpo en las casetas; cientos de personas aguardan su turno, y puedo ver como el presidente de Cantabria se lleva las ovaciones de la parroquia. Sin comentarios.

Luego, visita a casa de mis tíos, y otra vez al ferial. Paseos por la calle atestada sin separarme de mi hermana y los críos: mi cuñado no está con nosotros, y a ver quien es el guapo que se maneja solo con dos niños entre un gentío considerable. Voy dejando para más adelante lo de llamar a los amigos, sospechando que esta vez no voy a ver a nadie.

Hoy, lunes, Feria Medieval. Mis sobrinos, fascinados con la exposición de aver rapaces - no sé qué pintan un buítre o un mochuelo en una exhibición de cetrería - no quieren dar un paso. Luego toca el turno al herrero, y después a los alfareros. Marta alucina con el torno y se empeña en hacer fotos a los cacharros "porque quedan preciosos". Luego le explico qué es un juglar, y de donde salen las coplas de ciego. Compramos filloas calientes y jugamos en una tómbola donde nos dan a elegir entre tres premios. Cómo serán de birriosos, que hay una Hello Kitty y mi sonrina no la quiso...

Comemos juntos, y salgo hacia Madrid a las cinco de la tarde. Ha sido un viaje raro donde han faltado algunas cosas. Me quedo con el recuerdo del viaje en tiovivo, de los ojos de los niños mirando la fragua del herrero y el aire de triunfo de los dos al bajar de un coche de bomberos de pega. El mismo, exactamente, que tenia yo hace treinta y tantos años.

domingo 4 de octubre de 2009

Madrid... y todo lo demás

Semana marcada por el batacazo de lacorazonada olímpica, por el timo sin nombre de Rogge y los chicos del COI, que animaron a Madrid a jugar en una liga donde el trofeo estaba entregado antes incluso de que empezara el partido. No hubo opción para Madrid, que presentó la más sólida y emotiva candidatura. Los videos ilustrativos, de factura excelente, parecían hechos para tocar el corazón. La cabeza, si valiese de algo, ya debía estar tocada por las cifras apabullantes que presentaba la ciudad: un 84% de apoyo popular al proyecto olímpico, un 76% de las infraestructuras terminadas. a ver quien da más. No Río, desde luego: la ciudad maravilhosa tiene el proyecto olímpico hecho unos zorros, y una de las tasas de criminalidad más preocupantes del mundo pseudocivilizado. Si les parece mejor celebrar el sarao olímpico en la ciudad de las favelas, que el CIO nos asista.

Me tragué con el mismo placer que una mousse de chocolate la presentación de la candidatura. Samaranch me hizo llorar cuando recordó a los pétereos corazones olímpicos que estaba "near the end of my time". Ni siquiera el tierno lamento de un hombre que dedicó su vida al olimpismo conmovió a los chicos de Rogge. A mí si me tocaron el corazón la voz vacilante y las sólidas palabras de este anciano admirable, que ni siquiera suplicando desciente un peldaño del orgullo legítimo. Hay que tener un superávit de dignidad para pedir tan humildemente que te hagan el último regalo de tu vida, "near the end of my time". Pobre de aquel que no es capaz de atender una petición tan noble, de no emocionarse ante un viejo que se presenta rindiendo sus armas. Una pena para todos. Ellos se lo pierden.

Carlota del Amo, de Mondadori, me hace llegar la biografía de Gabriel García Márquez que ha publicado Gerald Martin. La tengo frente a mí. Llevo tres días aplazando deliberadaemtne el placer de paladearla, pero ha llegado el momento de caer en la tentación. De vez en cuando se me va la mirada y el sentiniento de culpa a una caja llena de originales de un concurso del que soy jurado. Mañana será otro día, pero hoy me regalo una tregua laboral y el inmenso placer de lanzarme a la lectura de una biografía largamente esperada.

Otra biografía, la de Lina Prokofiev, que publicará Siglo XXI dentro de unas semanas. Vileta Medina me manda las pruebas de imprenta. Sorprendente- y, en lo me a mí respecta, ignorada - la historia de la esposa del compositor, que era de origen español y pasó siete años en un gulag soviético por ser considerada peligrosa para el progreso ideológico de su marido. Terrible biografía, terrible vida de una mujer llena de talento, de fuerza y de amor por un hombre que la abandonó a su suerte.

Es inminente la concesión del Premio Nobel de Literatura. Suenan nombres, como todos los años. Me pregunto qué sienten con la llegada de Octubre Mario Vargas Llosa, Amin Maalouf, Philip Roth. Cómo deben aguardar, con el corazón en un puño, la noticia de sus vidas, la noticia que quizá no llegue nunca como no llegó para Borges o para Pérez Galdós. Quisiera saber si se atreven a reconocer ante sí mismos lo mucho que desean la medalla dorada de los suecos, o si prefieren consolarse de la misma forma que se consolaba Borges: convenciéndose de que, en el fondo, el Premio no le importaba.

¿De verdad puede alguien permanecer al margen del Nobel? ¿Estar por encima del bien y del mal? Si lo había, era Borges que, como alguien dijo, era él solo toda una literatura. Como Samaranch es, él solo, la historia viva del espíritu olímpico. Pobres de aquellos que no supieron entender ni a uno ni a otro, y les dejaron precipitarse al final del tiempo sin concederles la gracia suprema que se habían ganado

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