domingo, 17 de octubre de 2010

Habemus Planetas!!

Desde el viernes. Lo viví en directo, y la fiesta en el Palacio de Congresos de Barcelona me trajo, un año más, la nostalgia amable de la noche del 15 de octubre de 2006, cuando mi vida profesional cambió para siempre.

El Planeta se lo llevó Eduardo Mendoza. Qué voy a escribir yo de él. "La ciudad de los prodigios" es uno de los grandes textos de la narrativa española. Cuando Mendoza acudía a recoger el premio, comentaba con Ana Gavin que me recordaba sin remedio a un aristócrata inglés, y lo facilmente que lo imaginaba con batín y pantuflas, sentado en un sillón de orejas, con una perro labrador a sus pies y una nutrida y enorme biblioteca a su espalda, crepitando frente a él el fuego de una chimenea de piedra. Tengo verdaderas ganas de leer "Riña de gatos".

El finalista tiene para mí connotaciones mucho más sentimentales, y no porque me lo llevara yo hace cuatro años, sino porque este año se lo llevó alguien a quien aprecio mucho: Carmen Amoraga. A Carmen la conocí hace siglos, cuando gané el Ateneo Joven de Sevilla. Ella se había llevado el mismo premio el año anterior, y me llamó para felicitarme. Luego hemos vuelto a coincidir en otras ocasiones. Es una buena escritora y persona excelente que se merece todo lo bueno que le pase. Me alegré de verla el viernes feliz y tranquila, disfrutando del éxito y de los aplausos que se ha ganado con pico y pala durante todos estos años.

Y hablando del Planeta, no podía haber elegido mejor - o peor - momento una jueza de Barcelona àra abrir juicio oral por una acusación de plagio contra José Manuel Lara, en ausencia de Camilo José Cela, que presuntamente copió el argumento de una novela presentada al Planeta para escribir "La Cruz de San Andrés".

No es mi intención defender desde aquí ni al Premio Planeta, ni a Cela, ni a José Manuel Lara, entre otras cosas porque tendrán mejores abogados que la que suscribe. Pero la idea de que Lara extrajese de los cientos de originales presentados al premio una obra titulada "Carmen Carmiña Carmela:fluorescencia" y se la diese a Camilo José Cela - que a la sazón era ya Premio Nobel de Literatura - con el consejo de que la fusilase para ganar el mismo premio a la que aspiraba el mamotreto de título delirante, hace que me entren ganas de descojonarme.

Hace años, un iluminado que había ido conmigo a clase en la Complutense me llamó indignado diciémndome que "Que veinte años no es nada" era plagio de una novela suya. Le recordé que malamente podía haber plagiado algo que ni siquiera había leído, y él me dijo entonces que había entregado una copia del original a una de mis amigas de clase, y que estaba seguro de que ella me la había dejado leer también a mí. Como cuerpo del delito esgrimía dos pruebas irrefutables: que en mi novela, como en la suya, había una mujer joven enamorada de un hombre mayor, y que en las dos había un viaje "aunque en mi novela el viaje es en tren y en la tuya es en barco". Cuando me repuse de la sorpresa, le dije al elemento que yo en su lugar no perdería ni un segundo en acudir a los tribunales y denunciarme por vía penal, civil y militar. Por supuesto, no volví a tener noticias suyas. Aquella noche pronostiqué que el tipo en cuestión acabaría en un manicomio. Me equivoqué: es profesor en una universidad madrileña. Sin comentarios.

Mañana sale a la venta mi novela "Sombras". Es un libro juvenil, escrito en clave de misterio y muy distinto a todo lo que he publicado hasta ahora. Para darlo a conocer, la editorial Destino ha organizado un encuentro con una docena de blogeros. Y siento cierta inquietud. Es una experiencia promocional bien distinta a las que he tenido hasta ahora. A ver qué pasa...

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