La inspiración y la cara dura
Tomé el título de mi novela "En tiempo de prodigios" de una hermosa frase de Sergio Pitol: "Si bien es cierto que vivimos tiempos crueles, también es cierto que estamos en tiempo de prodigios". Por eso abro el libro con la cita completa y el nombre de su autor. Cuando uno respeta su trabajo, ese respeto suele extenderse hacia la labor ajena, y por eso extrema las precauciones: al césar lo que es del césar, y bla, bla, bla.
Enrique Bumbury ha hecho algo parecido, sólo que él lo ha hecho mal. Ha tomado un verso del poeta Pedro Casariego ("soy el hombre delgado que no flaqueará jamás") para dar título a una canción. Sólo que Bumbury se ha guardado muy mucho de reconocer la autoría del verso de marras, así que el no informado le atribuye a él la inspirada frase. Cuando los herederos de Pedro Casariego (que murió en 1993) dieron la voz de alarma, Bunbury reaccionó con la chulería del culpable, declarando a "El periódico de Aragón·: "No es plagio ni es nada. Es lo que hacemos los escritores en todos los ámbitos: recoger frases de la calle, de los periódicos, de los bares y, por supuesto, de los poetas. La acusación es una chorrada. Y si no, que le pregunten a Dylan".
Vamos por partes: por mucho que a él le guste pensar lo contrario, Bunbury no es Dylan. Y Dylan no hubiese fusilado la frase de otro poeta pasándose por el forro cualquier precepto ético. Bunbury no sólo lo hace, sino que encima se justifica deciendo que eso lo hacen todos los escritores. Pues yo discrepo, don Enrique. Y usted seguramente dice eso precisamente porque no es un escritor.
El plagio es una forma de robo y, desde luego, una colosal falta de respeto. Falta de respeto al trabajo de otro. Falta de respeto al talento propio. Y, sobre todo, falta de respeto al público, al que se está dando gato por liebre. Por eso, el escritor de verdad no incurre en el plagio. Lo hacen aquellos que sólo ven la literatura como una formade hacer negocio: escriben novelas - o poemas, como el vate Bunbury - como podrían envasar chrizos al vacío: para ganar pasta, amigos o notoriedad. La literatura es otra cosa. Por eso los que de verdad la sienten como oficio se trabajan la frase, la palabra, el capítulo. El verso. Y si toman prestado algún material del trabajo y el talento ajeno, no tienen el menor problema en reconocerlo.
Ayer hablaba por teléfono con Martín Casariego, hermano de Pedro y uno de sus herederos. Los Casariego están disgustados y sorprendidos. Desconcertados por lo que ha ocurrido. Pero claro, ellos sí son escritores. Bunbury no lo es. Es un cantante. Y, visto lo visto, un tipo con la cara muy dura.
Enrique Bumbury ha hecho algo parecido, sólo que él lo ha hecho mal. Ha tomado un verso del poeta Pedro Casariego ("soy el hombre delgado que no flaqueará jamás") para dar título a una canción. Sólo que Bumbury se ha guardado muy mucho de reconocer la autoría del verso de marras, así que el no informado le atribuye a él la inspirada frase. Cuando los herederos de Pedro Casariego (que murió en 1993) dieron la voz de alarma, Bunbury reaccionó con la chulería del culpable, declarando a "El periódico de Aragón·: "No es plagio ni es nada. Es lo que hacemos los escritores en todos los ámbitos: recoger frases de la calle, de los periódicos, de los bares y, por supuesto, de los poetas. La acusación es una chorrada. Y si no, que le pregunten a Dylan".
Vamos por partes: por mucho que a él le guste pensar lo contrario, Bunbury no es Dylan. Y Dylan no hubiese fusilado la frase de otro poeta pasándose por el forro cualquier precepto ético. Bunbury no sólo lo hace, sino que encima se justifica deciendo que eso lo hacen todos los escritores. Pues yo discrepo, don Enrique. Y usted seguramente dice eso precisamente porque no es un escritor.
El plagio es una forma de robo y, desde luego, una colosal falta de respeto. Falta de respeto al trabajo de otro. Falta de respeto al talento propio. Y, sobre todo, falta de respeto al público, al que se está dando gato por liebre. Por eso, el escritor de verdad no incurre en el plagio. Lo hacen aquellos que sólo ven la literatura como una formade hacer negocio: escriben novelas - o poemas, como el vate Bunbury - como podrían envasar chrizos al vacío: para ganar pasta, amigos o notoriedad. La literatura es otra cosa. Por eso los que de verdad la sienten como oficio se trabajan la frase, la palabra, el capítulo. El verso. Y si toman prestado algún material del trabajo y el talento ajeno, no tienen el menor problema en reconocerlo.
Ayer hablaba por teléfono con Martín Casariego, hermano de Pedro y uno de sus herederos. Los Casariego están disgustados y sorprendidos. Desconcertados por lo que ha ocurrido. Pero claro, ellos sí son escritores. Bunbury no lo es. Es un cantante. Y, visto lo visto, un tipo con la cara muy dura.
Etiquetas: "En tiempo de prodigios", Enrique Bunbury, Martín Casariego, Pedro Casariego





