lunes, 7 de septiembre de 2009

Hecho aislado

Este fin de semana, varios centenares de alegres jóvenes decidieron hacer uso de su libertad y celebrar las fiestas de Pozuelo con un macrobotellón, de esos autorizados, sino oficial, sí al menos oficiosamente por las autoridades, que en estos asuntos del bebercio en plaza pública suelen comportarse en plan monos de Gibraltar: haciéndose los ciegos, los sordos y los mudos.

El caso es que los jacarandosos muchachos se reunieron en plaza pública, y, animados sin duda por la sana alegría y franco ambiente, a alguno se le fue un pelín la pinza y le abrieron la cabeza a uno de los participantes en el jolgorio. El chaval, un exagerado,se fue a pedir árnica al Samur quien, en exagerado ejercicio de celo, avisó a la policía de que había llegado un chaval con la cabeza rota y sangrando como un cochino.

Los policias, macarras y provocadores,fueron a ver qué pasaba. Se colaron en la fiesta como vulgares canaperos, sin que nadie les invitara, con el propósito de turbar la paz y la armonía que reinaba entre aquella grey de postadolescentes dicharacheros y vitales. Y ellos, que los vieron, no pudieron aguantarlo más, y les recibieron con una contundente lluvia de botellas y pedradas.

¿A qué no sabéis lo que hicieron los agentes del orden en vez de comerse la lapidación, restañarse las heridas y marcharse al cuartel con el rabo entre las piernas? Pues repeler la agresión, los muy bestias. Y claro, se armó, porque a las provocaciones hay que responder como es debido. El sábado en Pozuelo devino en batalla campal, conveinte policías heridos y un puñado de festejantes detenidos y en el calabozo. Eso sí, antes dieron lo suyo. Entre otras cosas, tuvieron tiempo a asaltar la comisaría, para dejar clarito quien manda en Pozuelo.

He escuchado las declaraciones de los botelloneros y no tienen desperdicio: "Les lanzamos botellas y fueron a por nosotros, los muy perros" "No nos dejan divertirnos" "No nos dan alternativas". Hay que ver. Qué represión, Cristo bendito. Ni en tiempos de Franco.

La policía - diez de cuyos números acabaron en el hospital con la crisma partida - detuvo a veinte de los botelloneros, siete de los cuales son menores. El padre de uno de ellos ya hasalido diciendo que su hijo no hacía nada, que sólo pasaba por allí y que lo trincaron. Le faltó añadir eso de que es muy buen niño, y que su problema son las compañías. Si los padres de los mismos mastuerzos que apedrearon a las fuerzas del orden se preocupasen más de meter en cintura a sus hijos que de defender una inocencia en la que no pueden creer, otro gallo nos cantara a todos.

Claro que, para cantar, el alcalde de Pozuelo. Empezó aclarando que de los detenidos, sólo dos eran de Pozuelo, como si eso pudiese servir de premio de consolación: como los macarras son de otro barrio, no hay de que preocuparse. También se ha apresurado en aclarar que lo del sábado es "un hecho aíslado". Ya. Y el lanzamiento de la bomba atómica. Y lo de las torres gemelas. Y el incendio de Alcalá 20. Por suerte, no son cosas que sucedan a diario. Pero no por eso hay que dejarlas pasar.

En España, el problema del botellón ha alcanzado proporciones estratosféricas. En mi barrio, cada fin de semana, hordas de salvajes invaden la Plaza de Chueca sin que la autoridad haga nada por frenarles. Cuando uno telefonea al 062 pidiendo la intervención de la policía municipal, recibe explicaciones peregrinas, como "tenemos miedo de que nos arreen un botellazo". Hace dos años se promulgó una ordenanza municipal que prohibe consumir alcohol en la calle, y que jóvenes y policías ignoran sistemáticamente.

En Milán, consumir alcohol en la calle lleva aparejado una multa de doscientos euros. Si todo el cafre que se dedica al botellón tuviese que aflojarse el bolsillo al ser sorprendido trasegando alcohol en la vía pública, a lo mejor el fin de semana siguiente caía en la cuenta que le resulta más barato tomarse las copas en Joy Eslava. Lo que no de puede hacer es mandar a cuatro policías a poner orden entre doscientos jóvenes, y que encima los agentes llegan compadreando con los botelloneros, haciendo risas y hasta echándose un cigarrito, como presencié yo el fin de semana pasado.

La cosase está poniendo cada vez peor. Los hechos aislados se repiten. El de Pozuelo se saldó con múltiples destrozos y dos policías gravemente heridos. El próximo hecho aislado puede acabar trayendo consecuencias imprevisibles. Y entonces sí, por las maas e in extremis, se tomarán medidas.

Etiquetas: , , ,

21 comentarios:

Anonymous Pepe "Beethoven" (Sergio De Cabo) ha dicho...

Querida Marta:

A tu padre, Paco, le suelo llamar
"Pacificador" (ego paco: yo mando y pacifico) dentro de su gran blog.
A tí, ya te he llamado, "Señora" (y
no por tus 40) por etimología. Pero
realmente lo eres, cuando comentas
esas reuniones de "noctivagos", al
decir de "Trifoncalderetas", gran
animador del citado blog. Y es que
escribes observando, auténtica vena
literaria de todo buen escritor. PP

7 de septiembre de 2009, 10:55  
Blogger Marta ha dicho...

Pepe, un millón de gracias...
Abrazos

7 de septiembre de 2009, 11:12  
Anonymous g.l.r. ha dicho...

Eso ha sido un ejemplo perfecto de la transformación que se produce en el individuo cuando forma parte de un conjunto. La marabunta toma consciencia de ella misma, de su poder, y actúa salvajemente, con sus miembros amparados en la protección que brinda un cierto anonimato.

No sé si me he explicado bien. Queda reflejado a la perfección en una película de Marlon Brando y Robert Redford, pero hoy estoy espeso y no recuerdo el título.

En fin, una auténtica verguenza.
un saludo.

7 de septiembre de 2009, 12:09  
Anonymous Pepe "Beethoven" (Sergio De Cabo) ha dicho...

Reflexivo g.l.r.

Esa marabunta humana (y no la del filme "Cuando ruge la marabunta", Eleanor Parker y Charlton Heston) se veía en "La jauría humana", de 1966, con Marlon Brando, Robert Redford y Jane Fonda, creo. Sucedía
en un pueblo de Texas. Sin recordar
película... has centrado muy bien
esa convulsión social que anula al
indivíduo en ciertas situaciones...

7 de septiembre de 2009, 14:54  
Anonymous g.l.r. ha dicho...

Exacto, Pepe. La escena de la paliza a Marlon Brando era realmente brutal, igual que esa pulsión salvaje que llevó a unos cuantos descerebrados a asaltar la comisaría -hay otra película sobre eso-, olvidándose de cuantas reglas, normas o leyes han existido.
Un saludo.
P.S.- Muchas gracias por el apunte.

7 de septiembre de 2009, 15:08  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Buenos días desde Galicia (Viaje Lalín-Lugo)

Es acertado tu comentario. Como siempre me encanta leerte, por como describes lo que por tu cabeza pasa cuando lees. Pero no me parece ya interesante la noticia, precisamente por no ser un hecho aislado.
Aqui se mezcla una reunión de personas para beber y escuchar música en un lugar publico con la mala educación de algunos individuos y su falta de respeto por los demás.
Creo recordar que ya Goya pintó un cuadro que representaba un botellón en un parque de Madrid, creo incluso que se titula "El Botellón". Cualquier fiesta de una aldea gallega, supongo que de los demas pueblecitos de España tambien, aunque lo desconozco, son en sí un botellón, y nadie dice nada. De siempre los jóvenes se reunieron para beber, reir e incluso pelearse, a navajazos antes, a botellazos ahora...
No me parece nada nuevo que haya que satinizar.
Lo que hay que es aislar y castigas a esa minoria asocial.

Un abrazo Marta, y gracias, por el tus pequeños momentos. Me encantan.
Santiago FR

8 de septiembre de 2009, 3:19  
Blogger Marta ha dicho...

Santiago, estoy de acuerdo contigo. Cuando yo estabaen la Universidad, hacíamos botellón. Bebíamos en la calle mientras charlábamos, sin dar voces ni alborotar. Cuando terminábamos, la misma bolsa del vips en la que habíamos traído las bebidas nos servía para guardar los desperdicios, que dejábamos en una papelera. Éramos una pandilla de quince, a veces más. Nunca destrozamos nada, nunca nos dedicamos a dar alaridos ni a molestar a los vecinos. Nos limitábamos a tomar unas copas y a charlar. Ahora, el vandalismo es parte de la diversión. Y es ahí, como tú dices, donde está el problema.

8 de septiembre de 2009, 5:40  
Blogger mariona. ha dicho...

Yo soy joven, y hago botellón a veces, sobretodo en verano, buenos amigos,la playa...pero sin chillar ni pegarnos ni nada de todas esas cosas.

Lo que ocurrió en Pozuelo es de locos. No sé,lo veo bastante degradante... aparte,yo tengo muchos amigos madrileños, y unos cuantos en ese barrio.. y cuanto menos,me sorprende...

Adonde iremos a parar... (modo vieja y/o persona mayor on)

Un beso Marta

8 de septiembre de 2009, 7:51  
Blogger Thomas ha dicho...

Estoy muy de acuerdo contigo, Marta, pero no deja de sorprenderme con qué facilidad las autoridades acuden a lo que "deberían hacer los padres de los jóvenes", cuando por otro lado están quitando toda autoridad a los padres.
Cuando llega la hora de la verdad apelan al funcionamiento de la familia "tradicional" (los padres y los hijos) y a la vez, en su vertiente legislativa de gobernantes, facilitan su desintegración.
Como si no tuviera nada que ver...

8 de septiembre de 2009, 11:59  
Blogger XM. Prado - Antúnez ha dicho...

Hoy he escuchado a un "psicomestre" observar en la radio que los jóvenes actuales tienen una educación cosmopolita y los padres actuales no los entienden, lo cual me recordaba a Sócrates explicando lo mismo en el siglo IV a.C. Sin embargo, lo acontecido no me pilla sin haberlo vivido con anterioridad, y no se trata de jaurías. Mas bien sucede que cuando uno no tiene arraigo social, cuando no siente la dependencia de la tribu, nos alistamos a lo primero que se asemeje al arraigo o la tribu, a algo que aparezca con unidad de acción. Si no recordar "Jhonny Guitar" y como Mercedes MacCambrige rompía todos los vínculos sociales para lograr que el mundo en su integridad se "alistase" en su cruzada contra Joan Crawford, y a sabiendas de que todo aquello era una locura nadie se oponía y cabalgaban contra Viena.
¿Habrá alguien que comience a imponer los límites morales que debe tener una sociedad? es decir, ¿habrá alguien que diga que por decir "no" no hay trauma en los niños, incluso aunque estos hayan cumplido veinte años?

8 de septiembre de 2009, 15:14  
Anonymous Anónimo ha dicho...

¿Se podría establecer alguna relación entre los siguientes hechos?
1. Policía le dice a un padre que no toque a su hijo de 12 años porque puede ser delito (Pamplona, Agosto 09).
2.Niño de 14 años denuncia a su padre y su padre no tiene modo de hacerle entrar en razón.
3. Niño de 17 años organiza botellón y pega al policía que le dijo a su padre que no le pegara.

9 de septiembre de 2009, 8:32  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Bravo, Marta. Se puede decir más alto pero no más claro. El problema es que en este país no existen faltas de orden público. Mira cómo lo explica aquí el gran Matías Vallés:

http://blog.diariodemallorca.es/alazar/2009/08/17/%c2%bfpara-que-sirve-el-092/

Besos

David

9 de septiembre de 2009, 10:25  
Anonymous Pepe "Beethoven" (Sergio De Cabo) ha dicho...

Xosé Manuel, ese "psicomestre" me recuerda al mítico "psicopombo"...
"conduciendo" almas al cielo o al infierno. Tu saber sobre Sócrates
me hizo recordar aquel juicio que le costó la vida por su "impiedad"
con los dioses y, con el añadido de
"corromper a la juventud", sólo por
criticar a ésta sus miserias. Pues,
esto es lo que está pasando hoy en
día: el jurado social no admite que
padres y profesores se "atrevan" a poner límites a estos niños-jóvenes
mimados por esta tolerante sociedad

Justamente, em "Johnny Guitar" se
ve, como bien dices, esa "cruzada"
tribal, irracional, arrastrada por
el santo prejuicio: "¡qué diran de
mí...si no voy con ellos!". Nadie se atrevía a desertar al no tener valor para decir:"No, eso no está
bien". Ese mismo valor es el que,
ahora, debemos tener para impedir
que la niñez y la juventud no se
corrompa por exceso de permisividad

9 de septiembre de 2009, 12:44  
Anonymous Pablo Núñez ha dicho...

Habéis acertado en la diana. El botellón no es un invento de los últimos años. Quizá lo "inventamos" nosotros, como antes nuestros padres el guateque, ahora renombrado como botellón a cubierto.
Pero ahí tiene razón Marta, recuerdo muchas ocasiones en las que simplemente hacíamos eso, tomarnos algo en la calle de los vinos en Lugo y charlar.
A veces algún vecino mostraba su descontento y entrábamos en el bar o cambiábamos de zona, pero dejábamos todo como estaba y no asaltábamos comisarías.
Voy casi todos los domingos al parque de Rosalía, siempre me ha gustado pasear por allí. Ahora llevo a mis hijos y he de poner atención porque por muchos esfuerzos que hacer al amanecer los trabajadores de la empresa de limpieza siempre quedan cristales y demás restos de un jolgorio que se ha desmadrado demasiado. ¿Cómo lo resolvemos?

10 de septiembre de 2009, 0:01  
Anonymous Anónimo ha dicho...

lo peor aún está por venir. Un mal día, a uno de esos vecinos "impacientes", porque la vida da palos y el burro tiene presta la coz, sacará su escopeta (con la que caza corzos y venados o todo lo que se mueva) y apuntará directo a la bombilla. Que todavía no haya sucedido, no quiere decir que no suceda o sudederá. Y el Gobierno cargará con el muerto, que eso es muy socorrido, y todos a la cama...que hay que descansar

10 de septiembre de 2009, 6:39  
Anonymous Pepe "Beethoven" (Sergio De Cabo) ha dicho...

Hola, Pablo: Al hablar de Lugo... creí que estaba en el blog de Paco
Rivera, te lo juro. Recuerdo mucho
el parque, tan limpio y romántico
en aquellos años. Y, ahora, hecho
una "cochambre" a cargo de jóvenes
que visten prendas caras y están bien aseados. Dices... ¿Cómo lo resolvemos? Pues, en vez de poner un cartel "Prohibido arrojar...",
poner este: Prohibido el botellón.
Sanción: infractores cogidos "in
flagranti" recogerán basura ciudad
durante una semana. El Sr. Alcalde.

10 de septiembre de 2009, 13:42  
Anonymous Pablo Núñez ha dicho...

Hola Pepe Beethoven, a veces yo tampoco sé muy bien por donde leo, suelo leer ambos blogs a primera hora, y en ambos es un placer encontrale por allí.
Soluciones, o la que usted propone, o la de Marta, y estacazo económico para los nenes o sus papás. Pero algo habrá que hacer, no creo que la comisaría de Lugo aguante un asalto, ¿no le parece?
Un gusto saludarlo.

10 de septiembre de 2009, 23:50  
Anonymous Anónimo ha dicho...

...UNAA pequeña cala en forma de U

una playa abierta donde la espuma chisporrotea
arrastrando los pies de los bañistas

una playa con tejados de lona y calderetas humeantes

luego una rada minima,algo flota a un metro ¿que es un cachalote un hombre con traje gris? esta inerte? tu no tu pulso se acelera

unas rocas desiguales donde linterna en mano esperas que te recojan de una vez,alguien de quien tampoco te fias
para quemas

un arenal unido a 1 montaña con viento silencioso

es necesario conocer todas las playas o leeer todos los libros?
por si te sientes mejor viendolo de esta forma,creo q no y es imposible...
paraque quieres mas?

11 de septiembre de 2009, 13:09  
Anonymous Anónimo ha dicho...

El problema no es el botellón, el problema es la educación de quien hace botellón. El problema es que las nuevas generaciones se están criando sin conocer ninguna autoridad, convencidos de que tienen multitud de derechos y ninguna obligación.

Pedro

14 de septiembre de 2009, 10:07  
Blogger Moris ha dicho...

Si hubiera pasado eso en Vilachan de Arriba,querida Marta, a estas horas estarias hablando de la herencia del Bipartito,de la influencia de la Kale borroka en Galicia a traves claro del Bng,y que seguramente los pobres como les obligan a estudiar en gallego estan estresados,pero mira ocurrio en Madriz,estudian el idioma del Imperio y la Kale borroka queda muy lejos,pero como tu has salido por otro lado,¿serian los de Pozuelo infiltrados de Barakaldo?

19 de septiembre de 2009, 7:18  
Blogger Marta Rivera de la Cruz ha dicho...

Moris, anda, no te pases de listo... Cafres los hay en todos los lados, y botellón también. Y nocreo que su pueda culpar de eso al bipartito... salvo en el caso de los que beben para olvidar, que a lo mejor hay alguno.

20 de septiembre de 2009, 14:56  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal