domingo, 13 de septiembre de 2009

El dolor

Esta ha sido una semana rara. Una semana atroz. Una semana determinante, de esas que marcan una nueva frontera en el mapa de la vida. En mi particular cartografía, hay desde esta semana indeseable un margen nuevo, un borrón que dice hasta aquí, a partir de aquí. Ojalá pudiese borrar esta semana. Interrumpir el cursos de las cosas a las cuatro menos diez de la tarde del martes, cuando se paró el mundo y empezó otra historia terrible. Cuando aprendí de golpe a entender una nueva dimensión del dolor.

Mi teléfono movil sonó a esa hora. Era M., mi amigo de la universidad, una persona que constituyen uno de lospilares básicos de mi pasado. Alguien sin cuya presencia mi vida, entre los dieciocho y los veinticinco años, hubiese sido completamente distinta. M. y yo estábamos preparando un reencuentro junto con otro viejo amigo cuya pista habíamos perdido por la misma razón por la que a veces se pierde la pistade la gente que uno quiere: por nada en particular. La fecha del reencuentro estaba inicialmente fijada para el próximo viernes, así que cuando vi el nombre de M. brillando en la panatallita de mi móvil pensé que aquella llamada serviría para fijar definitivamente fecha y hora de una cena largamente esperada. Pero me equivocaba. Porque aquella llamada de M. sólo iba a servir para desencadenar el horror.

Me lo dijo en un puñado de palabras que me zumban en la cabeza desde entonces: "se ha muerto mi hija". Me hicieron falta unos segundos para procesarlas. Para admitir que,en efecto, lo había entendido bien. No pregunté nada, salvo el nombre del hospital donde estaban. Cogí mi bolso de un zarpazo y salí a la calle con un vestido viejo y el alma encogida en un nuevo horror, consciente de que lo que iba a vivir no se parecía en nada a lo que llamamos vida.

Allí empezaron cuarenta y ocho horas que me parecen semanas. Meses incluso, comosi el dolor tuviese la capacidad de estirar de el tiempo, de multiplicar el valor de las horas. Miraba el reloj y me sorprendí de que sólo hubiesen pasado cinco minutos,que en aquellas circunstancias pesaban como toda una vida. M. y su mujer A., en un gesto de valentía y de generosidad sin límites, accedieron a donar los órganos de su hijita de cinco años,que aún respiraba, que parecía dormida y no muerta. Alguien les dijo que había un niño de tres años esperando desesperadamente un corazón que le devolviese a la misma vida que ya no tenía su niña. Y dijeron que sí. Espero que los padres de ese bebé recuperado hayan tenido, en su legítima alegría, un momento de recuerdo para mis amigos, que en el medio de la pena infinita supieron pensar también en el dolor de los demás.

En los dos días que pasaron desdeque murió B. y hasta que pudieron por fin enterrarla pasaron cosas extrañas e intensas. Los amigos desperdigados volvimos a reunirnos, a veces paa comprobar que no todo había cambiado. L. seguía siendo el mismo bruto tierno de siempre. E. se había convertido en un adulto admirable, que tomó las riendas de todo y encabezó la cruzada para conseguir que M. se comiese un bocadillo o accediese a volver a casa para dormir unas horas. Él fue quien puso equilibrio en el dolor de todos, quien administró la pena, quien dio instrucciones precisas paraque los que estábamos allí fuésemos una ayuda y no un estorbo.

Luego llegó S., el amigo perdido al que pensaba recuperar el día 18 después de tanto tiempo. Me abracé a él, como si yo fuese un náufrago, y en ese gsto recuperé quince años perdidos que nunca debimos dejar que pasaran. Hablamos con la confianza y el abandono de otra época, sólo que más tristes y más desesperanzados que nunca. No tendría que haber sido así, pero no somos nosotros quien dicta las reglas.

Me consuela levemente pensar que M no estuvo solo en su calvario infinito. Que estábamos con él para llorar, para abrazar, para hacer una caricia. Y bendigo ahora tantos, tantísimos momentos de alegría que compartimos en el pasado. En una vida que ya no existe para ninguno de nosotros. Ahora me pregunto por qué no aprendemos a defender con uñas y con dientes cada uno de esos instantes felices. Por qué no ponemos de verdad en su sitio las cosas que importan, e impedimos que nada las contamine antes de que suene el teléfono y el mundo entero se vuelva del revés.

Cuando acabó todo - o cuando empezó - mi hermana y yo salimos juntas del cementerio para tomar un taxi. El conductor que nos llevó al centro sabía de dónde veníamos, y tuvo la delicadeza de pensar que en aquel sitio uno sólo puede estar haciendo una cosa. Aquel hombre dedicóel viaje a mimarnos tiernamente, a preguntarnos por la temperatura del coche, a tranquilizarnos con respecto al tráfico. Cuando le pagué, en un gesto deseperado, me puso en la mano un puñado de caramelos. Aquel buen hombre había buscado una mínima forma de consuelo. Se me saltaron las lágrimas cuando recibí aquellos dulces, prueba incuestionable de que el mundo está salpicado de buenas personas que se conmueven ante el dolor de los demás.

Los caramelos que me dio el taxista fueron un bálsamo mínimo para mi pena, como supongo que lo fueron para Manolo nuestros abrazos y nuestras palabras de aliento. La tristeza es la misma, pero conforta saber que uno no está solo, que alguien quiere compartir tu dolor.

Ha empezado otra etapa.

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26 comentarios:

Blogger Judit Rodriguez ha dicho...

Querida Marta,

Es la primera vez que me digno a escribirte, pese a que llevo ya varios meses siguiendo tu blog.

No creo que sea el mejor momento para decirte cuánto he disfrutado con tus obras (aunque no dudes que sí lo haré en otro momento), además de que no he decidido dejarte estas líneas por ese motivo. Simplemente quería darte mi pésame y mis más sinceros ánimos para sobreponerte a tan trágica experiencia, por tu bien y, sonbretodo, por el de tu amigo, que sabrá aprovechar y valorar tu apoyo y el de los demás.

Un saludo.

13 de septiembre de 2009, 7:39  
Anonymous Carmen ha dicho...

No tengo palabras. Qué jodidamente cruel puede ser la vida. Un abrazo.

13 de septiembre de 2009, 10:25  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Dias despues de la una pérdida así...de que la vida te estirpe la parte de ti que más amas, solo queda levantarse, seguir la vida y no dejar que ella te aplaste, y soñar que desde el momento mismo del nacimiento de tu dolor, en algún lado de una dimensión que se desconoce, esa persona, esa parte tan querida que se fué estará alli, viendo desde otra perspectiva todo lo que dejó. Y supongo que el deber de las personas que lo amaban es seguir siendo felices y buenas personas. A partir de ese momento todos los que conociais a esa niña ya nunca estareis solos, ella irá siempre con vosotros, para amaros, para apoyaros, para regalaros una caricia cuando la necesiteis...ella ya siempre estará ahí.

No soy creyente...pero si creo que estará ahi...feliz sintiendo que sois felices.

Un abrazo.

Santiago F.R. (Donsion)

13 de septiembre de 2009, 11:01  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Los padres de la pequeña han perdido a lo que más querían, pero la respuesta de los amigos les obligará a ampliar más sus afectos hacia vosotros

13 de septiembre de 2009, 11:33  
Anonymous Pedro de Paz ha dicho...

Cualquier palabra es vana en circunstancias como esta, querida Marta. Lo que perduran son los gestos. Y el tuyo te honra. Mucho.

Mis condolencias.

13 de septiembre de 2009, 11:45  
Blogger Bookworm ha dicho...

Como madre me aterra pensar en un dolor semejante, pero me gustaría saber que cuento con amigos como tú.
Un abrazo y tiempo, mucho tiempo.

13 de septiembre de 2009, 12:33  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Hola Marta, ya sabes bien lo que es el dolor y esta semana te ha tocado saborearlo otra vez, una verdadera pena, sobre todo para esos padres. Gracias por ayudar en lo que se puede. Hace dos semanas termine " la importancia de las cosas" me ha gustado, aunque " tiempo de prodigios" me gusto mas.Un abrazo

13 de septiembre de 2009, 13:50  
Anonymous pau ha dicho...

Es la primera vez que caigo en este blog. Justamente hoy y tan perdida en el azar... Cuánto dolor, Marta.
Es la segunda vez que tu nombre se cruza en mi vida.
Un abrazo.

13 de septiembre de 2009, 13:51  
Anonymous Pablo Núñez ha dicho...

Ayer me lo contó tu padre. Ánimo y mil besos desde tu Ribanova.

13 de septiembre de 2009, 23:38  
Blogger mariona. ha dicho...

Mientras te leía se me caían las lágrimas. Siempre he pensado que lo de que se te muera un hijo es de lo peor que te puede pasar...y mas tan pequeña... uf...

Por suerte,tienen a amigos como tú que seguro que les daran motivos para seguir adelante aunque cueste.

Un beso Marta,y muchos ánimos.

14 de septiembre de 2009, 3:04  
Anonymous Javier Divisa ha dicho...

Poco se puede decir ante tal dimensión de la tragedia. Pobre criatura. Poco más. Un abrazo.

14 de septiembre de 2009, 4:03  
Blogger Elena Lacasadelcampo ha dicho...

En esta ocasión la pena puede más que la timidez.
Casi todos hemos pasado por una experiencia similar, la de unos más dura que la de otros, sin duda, porque perder a un hijo es lo peor _me parece a mí_. En situaciones así las palabras sobran, pero los gestos de cariño y la compañía de los que nos quieren reconfortan lo inimaginable. Ánimo.
Un abrazo.

14 de septiembre de 2009, 7:02  
Anonymous Anónimo ha dicho...

"Hago algo, María. Otro bis, porque ya lo escribí días atrás, pero éste es bien inocente. El poema Al cabo, de Amalia B.

Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos".

Permite, Marta, que tome de donde a veces escribe una hija que se autodenomina descastada y de lo que en abundancia pone una real alma mater del mismo, muy, muy cercana .
Cuando lo leí me lastimó su final;ahora ha vuelto a doler más si cabe .
Un abrazo.
SEito.

14 de septiembre de 2009, 7:38  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Es aterrador. Estas cosas te dejan helado. Sinceramente no creo que haya nada que pueda consolar a M., ni abrazos de amigos ni leches. Solo el tiempo le podrá ayudar. Le deseo de corazón todo lo mejor.

Pedro.

14 de septiembre de 2009, 10:10  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Siento en el alma esta inútil muerte, cómo todas. En mi caso hace un año se me fué alguien vital, y también marcó un antes y un después en mi vida. En mi caso me sirvió para aislarme aún más, pues comprendí cómo a la mayoría de la gente le falta un gen de la sensibilidad y viven tan encerrados en sí mismo, pues al cabo de un mes, me encontraba con amigos y en mitad de una nube me contaban historias banales de su vida y me daba cuenta que ese ensimismamiento le impedía mirarme a los ojos y ver mi sufrimiento. Lo siento soy una pesimista.

14 de septiembre de 2009, 14:05  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Haceros todos el carnet de donante, no dejeis a los vuestros tomar esa decisión por vosotros.
Un abrazo Marta
Cristina.

14 de septiembre de 2009, 19:38  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Lo siento mucho, Marta.
Un abrazo muy fuerte

David

15 de septiembre de 2009, 1:48  
Blogger ana ha dicho...

No tengo palabras... pero sí un infinito dolor por el dolor de esos padres, por el tuyo, por el de todas esas personas que echarán tanto de menos a esa niña.

Mi oración para este silencio aunque parece eterno no lo es. Ahí están nuestros amigos, sin ellos, todo sería aún más duro de lo que es.

Dolor por vuestro dolor.

Un abrazo.

15 de septiembre de 2009, 2:04  
Anonymous Esperanza ha dicho...

Marta, gracias por compartir tus vivencias con nosotros. Soy pediatra y he vivido en mi trabajo lo que nos cuentas de tus amigos, y es desgarrador. Tienes tambien todo nuestro cariño.

15 de septiembre de 2009, 5:10  
Anonymous sonia ha dicho...

Qué pena!!! no tengo palabras, no creo que haya consuelo para esos padres y para los que conociais a esa niñita, que no dudes es ahora un angel. Seguro que tu calor y amistad harán más llevadero ese horrible dolor. Sólo quería decirte que te acompaño en el sentimiento con todo el corazón y una oración.
Un beso fuerte, Sonia

16 de septiembre de 2009, 7:45  
Blogger Mª Carmen ha dicho...

Yo que tengo una hija de cuatro años...no puedo imaginar como el ser humano puede aguantar tanto dolor. Nada puede compararse a la pérdida de un hijo...nada...Me he quedado sin palabras...

Un saúdo Marta

16 de septiembre de 2009, 13:15  
Blogger Marta ha dicho...

Muchas gracias a todos, de verdad.

17 de septiembre de 2009, 1:38  
Blogger XM. Prado - Antúnez ha dicho...

Es excelso el dolor porque nos descubre como los seres que somos, llenos de dudas y de sueños, seres de múltiples piezas y algunas de ellas, puros recovecos inaccesibles y, por ello, incognoscibles; a veces, resulta estimulante desrecovecar nuestra vida para acceder a la misma y concoerla como es, en esto consiste vivir; así que, siempre resulta estimulante vivir - lo raro es que vivir sea resultado de la contrariedad del dolor, de la contradicción del morir...y recuerdo tus palabras en La Coruña, que bueno es tener amigos que te puedan abrazar, por ejemplo ahora, hoy, un abrazo mio, nuestro, y un simple golpe de voz que dice vivamos, recitemos, amemos, recíbelo y que la escritura convoque a esta nueva Marta resucitada en cada frase de sus libros. La esperanza aun hoy es más necesaria y la sensibilidad el estimulo que nos anima a vivir. Decía Joyce en el Ulises: la ineluctable modalidad de lo inivisble...
un fuerte y fatriarcal abrazo.

17 de septiembre de 2009, 2:50  
Blogger mariona. ha dicho...

marta, gracias a ti por hacernos sentir a través de tus palabras.

17 de septiembre de 2009, 8:03  
Anonymous PEPE "BEETHOVEN" ha dicho...

Marta querida... aunque tarde (tu familia lucense y el Blog de Paco conoce lo banal de mi retraso)sólo
puedo darte ánimo a tus amigos y a tí, porque yo con 3 años vi muerta
a una hermanita; aunque parecía un bello ángel humano, sin embargo no he podido olvidarla. Como tampoco olvido a mi hermana Ana que perdió
a un joven hijo y donó su cuerpo,
como han hecho tus amigos, para que
otro humano exista con algo "vivo" que le hará vivir con más amor. PP

17 de septiembre de 2009, 13:21  
Blogger sherpa ha dicho...

Hace mucho que no pasaba por aqui y "casualmente" al volver a encontrarte el primer escrito qcon el que me he topado es este.
Yo, que he vivido la muerte de un hijo y he muerto cada día un pedazo de mi misma,entiendo el dolor de esos padres a los que me gustaría que harías llegar mi abrazo aunque no nos conozcamos de nada. Sé cuánto duele este dolor, de que manera se desgarra el alma y como sangra la herida.
En nuestro caso fueron tantos los que huyeron por miedo a no sé qué...y no volvieron nunca.
Así que tú también te llevas mi abrazo,por entender el verdadero sentido de la amistad...no les dejes solos...aunque hayan pasado meses y no es que su pena sea más llevadera pero la caricia de una mano, el calor de una mirada, la fuerza de un hombro en el que llorar hacen posible poder sacar todo lo que uno lleva de adentro para afuera...decía una vez una persona: el día del funeral de mi marido habia 100 personas a mi lado, al cabo de una semana 50, al cabo de un mes 10...después no vino nadie más...debía superarlo a la fuerza...estar bien...nadie entendía ni quería entender mis sentimientos....
Un abrazo Marta, desde Cantabria

13 de octubre de 2009, 5:38  

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