viernes, 8 de enero de 2010

Después de la nieve

Ayer nevó durante todo el día. Ahora soy capaz de ver el incordio que supone la nieve - rebalones, cortes de tráfico, retrasos en los autobuses, incomodidades varias- pero cuando erauna niña sólo veía en la nieve la belleza pura que traía de la mano. Recuerdo esperar una nevado aplastando la nariz contra el cristal helado de la ventana de mi habitación. Recuerdo la alegría que traía cada nevada que llegaba por sorpresa, abrir la persiana y descubrir una manta blanca cubriendo el jardín - el sauce llorón cubierto de nieve, los bancos de piedra ocultos bajo una prístina capa de hielo - y alertar a gritos a mis hermanos, "nevó, nevó!!", decía yo, mientras sacaba del armario las botas de goma, los pantalones impermeables, los guantes más gruesos.

Recuerdo que la primera noche que pasamos en nuestra casa - la primera casa que mis padres compraban después de varios años viviendo de alquiler en una buhardilla de la calle General Franco - cayó una nevada fabulosa que descubrimos al día siguiente, al despertarnos para ir al colegio. No necesito ni cerrar los ojos para que vuelva a aparecer ante mí el espectáculo de los copos de nieve derramándose sobre el mundo ya cubierta de blanco, en aquel barrio tan nuevo, donde las calles estaban aún sin asfaltar y las casas - o al menos nuestra casa - olían a pintura nueva y al barniz con el que habían lacado los suelos y las puertas. Creo que entendí aquella nevada como el preludio de una nueva vida para mis padres, para mis hermanos, para mí.

Creo que lo he contado más veces: también aquella mañana del 8 de enero, hace ahora treinta y tres años, fue la del descubrimiento de la verdadera lectura:después de tanto tiempo leyendo cuentos infantiles, mi padre me había regalado el primer volumen de las aventuras de Guillermo, de Richmal Crompton. Me pasé la mañana sin clase- porque habían suspendido las actividades escolares por culpa del tiempo - leyendo en la cama y, de vez en cuando, levantando la cabeza para comprobar que seguía nevando, porque a los seis años no hay nada de malo en desear con todas las fuerzas que el mundo desaparezca bajo la nieve, que el escenario de la vida se convierta en una sucursal del polo norte.

Hoy hace 33 años de aquel 8 de enero de 1977, y aquel mundo ya no existe. Ya no está mi madre, que aquella mañana abrió la persiana de la habitación con la sonrisa del que sabe que se reserva una sorpresa fabulosa, ni mi abuela Blanca, que aquella tarde desafió la nieve y el viento para venir a vernos en nuestra nueva casa. Desde la ventana de aquel piso yano se ve el campo nilos árboles frutales, sino otras calles y otros edificios de cemento. Mi colegio ya no se llama igual, y los niños que aquellos días nos peleábamos con munición de bolas de nieve nos hemos convertido en adultos que ya ven en las nevadas un arsenal de inconvenientes.

Ayer, mientras veía caer una nevada majestuosa desde la ventana de mi casa, me forcé a olvidar los problemas que trae la nieve, e intenté verla con los ojos de aquella niña que fui hace ahora demasiado tiempo, mientras me decía que, a pesar de todas las cosas que he perdido, me queda de aquella mañana un recuerdo eterno... y el ejemplar de aquel libro de Richmal Crompton que me regaló mi padre.

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8 comentarios:

Anonymous Pepa ha dicho...

Y qué buen compañero era Guillermo para pasar las horas...Cómo nos liberaba de las ataduras de un mundo de adultos, de las normas que los buenecitos no nos atrevíamos a transgredir...Cómo, con su lógica aplastante, desmontaba los tópicos y solucionaba situaciones con arreglo a un peculiar código moral que estaba mucho más cerca de nuestra visión del mundo que de la que nos querían imponer los mayores. Guillermo era, sin pretenderlo, un auténtico revolucionario, y, sobre todo, nos hacía reir.
Esa escena que nos cuentas (una cama calentita, no ir al colegio, ver nevar, una madre sonriente, un libro de Guillermo...)se acerca mucho, mucho, a la imagen de la felicidad. Es un placer compartir con personas afines el tesoro de sus recuerdos
Un beso
Pepa

8 de enero de 2010, 10:30  
Anonymous eu ha dicho...

Todo iso está moi ben, Pepa, e resulta incustionable, sen dúbida. O gran Guillermo Brown. Mais non convén esquecer que Richmal Crompton era unha adulta. Era unha muller adulta cando creou a Guillermo e os seus Proscritos.

Así que tan lonxe dos adultos non debera estar quen vén sendo a criatura dun adulto. O caso é saber medrar.
Saudiña.

9 de enero de 2010, 1:23  
Anonymous Carmen ha dicho...

Comparto tus recuerdos. Mi familia paterna no ha leido nunca nada más que la prensa diaria. Mi familia materna siempre han sido lectores compulsivos. Sorpendentemente, con el Progreso de cada domingo, mi padre traía primero los cuentos para niños, luego los comics y luego libros más contundentes: enid blyton, julio verne.....
Yo tambien asocio la nieve con grandes momentos de lectura arrebujada entre las mantas. Y me sigue pareciendo maravilloso levantar la persiana y encontrarme con ese paisaje tan atípico. En Lugo, este fin de semana, he recuperado esos momentos.
Aunque he de confesar que cuando vi la nieve sucia en la calle y las imágenes en la tele de los accidentes por un fugaz momento pensé "mierda de nieve". Y es que, querida, efectivamente nos hacemos mayores.
Un abrazo

9 de enero de 2010, 10:14  
Blogger Clara ha dicho...

Hola Marta,
Acabo de terminar tu libro "La importancia de las cosas", que me ha tenido 3 días aprovechando cualquier momento para engancharme a una historia que me ha absorbido completamente.
Nada más acabar y pensar por un momento que es el mejor libro que he leído en mucho tiempo, me he lanzado a internet para leer críticas, con la esperanza de encontrar a muchos lectores que compartieran mi punto de vista, cuando cuál es mi sorpresa que me encuentro que tienes tu propio blog. Me has alegrado el día.
ENHORABUENA Marta y gracias mil por hacerme disfrutar tanto con la historia de Mario Menkell.
Un fuerte abrazo

10 de enero de 2010, 11:52  
Anonymous Anónimo ha dicho...

fiiuuuu 1969 ...cuarentayuno

http://www.youtube.com/watch?v=JlWFpdPX45g&feature=related

dontletmedown youtube

10 de enero de 2010, 14:24  
Anonymous Anónimo ha dicho...

el video de beatles,es una pequeñita muestra de como envejecen
las cosas bien hechas,creo que bien;
por cierto solo conozco una persona que vio a los beatles en londres,el profesor de ingles que teniamos,
hijo de un agricultor pobre de una conocida zona de veraneo española un conocido promotor turistico de los sixties le compro a precio de oro unas huertas ridiculas y le pago la carrera de arquitectura al unico hijo que tenía -un bendito la verdad- pero el hijo le salio ye-ye y antifranquista y se fue a londres antes de aterrizar en mi ex-colegio,

todo esto no por el ingles sino que a la gente no se le puede dar morralla porque la acaba vomitando y queda todo como despues de una nevada pasajera bastante sucio

11 de enero de 2010, 11:29  
Anonymous Anónimo ha dicho...

y bueno como aqui se habla tambien de libros;
aunque hay articulos de periodico que parecen el capitulo de una novela negra,no digo que no sea asi,pero si no se fue vuelve el periodismo bronco;
decia si no sabes que llevarte a los ojos a mi me parecio una delicia Obabakoak de b.Atxaga,creo que es dificil que no guste en un momento u otro pues es una novela-autopista
y nosostros autonautas

12 de enero de 2010, 14:53  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Hola Marta, simplemente decirte que he leido dos de tus libros: "En tiempos de Prodigios" y "La Importancia de las Cosas". Si bueno me pareció el primero (con el que lloré con la última frase), mejor ha sido el segundo.
Muchas gracias por hacer que afloren en mí esos sentimientos tan maravillosos, a través de tus obras.
Un saludo desde Huévar del Aljarafe (Sevilla)

13 de enero de 2010, 3:52  

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