lunes, 28 de julio de 2008

Recuerdos de otra época

Accionando el mando a distancia y descubriendo las posibilidades de la TDT y no sé qué otras cosas que hemos instalado en casa, descubro una reposición de "Fama". Nadie ha olvidado aquella serie que hizo que subiesen hasta la estratosfera las matrículas en las escuelas de baile. Me encantaban aquellos chicos cuyos nombres aún recuerdo: Bruno Martelli, Coco Hernández, la señorit Sherwood, el profesor Sorovski... Cuando veía "Fama", era una niña de doce años que vivía en una ciudad pequeña, y a quien aquella serie le daba la ocasión de asomarse a un mundo que ni siquiera sabía que existía: el de una escuela de baile en el corazón del Bronx neoyorquino donde chicos y chicas buscaban la fama "pero la fama cuesta. Pues aquí es donde vais a empezar a pagar... con sudor", decía en la careta una de las profesoras, mientras sonaba el tema compuesto por Irene Cara: "Fame... I want to live forever..."

Hoy volví a ver aquella escuela y a los personajes de la serie. Descubrí que eran mucho más jóvenesde lo que yo recordaba. A los doce años, pensaba que los alumnos eran muy mayores. Ahora, por razón de edad, me identifico más con los profesores que con Leroy Johnson y los otros chicos. Nada era como yo creía entonces. Los números de baile me parecieron cursilones. Los diálogos, más bien estúpidos. Bruno Martelli había agotado todo su potencial de atractivo arisco y misterioso pata transformarse en uno de esos tipos antipáticos de la escuela "House" a los que no puedo ver ni en pintura. El profesor Sorovski no era un anciano venerable, sino un viejo tontorrón y sobreactuado. Ojalá no hubiese visto ese episodio para descubrir lo falsos que pueden ser a veces los recuerdos de otra época.

En la primera página del diario El Mundo aparece hoy el extraordinaro trabajo de Ángeles Escrivá y Casimiro García Abadillo, que han descubierto los manejos de De Juana Chao y su abnegado entorno para ahorrar al asesino díasde estancia en prisión. A base de chanchullos de distinta índole, la sanguijuela De Chaos acumuló más de setecientos días de redención de pena que, en justicia, no le correspondían. Y ahora ¿qué pasa? ¿Va a salir cuándo le toca, cachondeándose una vez más de nuestro sistema? ¿O actuará la fiscalía y revisará sus papeles para poner las cosas en su sitio y a De Juana en la celda, para que inicie su enésima "operación bikini"?

Hay otra cuestión: ¿por qué han tenido que ser dos periodistas los que revelen esta nueva ignominia? ¿por qué desde la fiscalía no se han investigado los papeles académicos de De Juana del mismo modo que lo han hecho Escrivá y García Abadillo? A todo esto, mis colegas acaban de firmar sus respectivas sentencias de acoso y derribo. ¿No pueden ocuparse de estas historias las instancias correspondientes para que no tengan los reporteros que poner la cara para que se la partan?

Esto no es el Watergate. Esto no es una investigación elaborada a partir de intuiciones ni pistas estrambóticas. Es un simple trabajo de oficina que nadie ha querido hacer hasta que llegaron dos periodistas y se pusieron manos a la obra. Me gustaría que los impuestos que pago sirviesen también para sufragar estas cosas. Prefiero que mi IRPF se use para que le pasen el escáner a las notas de De Juana Chaos que para media docena de sandeces que paga alegremente el erario público.

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1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

-como que no entiendes nada?
a lo mejor te seria mas util.. mulder,es el de las creencias,ojillos miopes...y muusha fé

scully pequeño lunar y boca renuente

boca renuente:
a lo peor sobra drama y falta encanto perefeccion direccion
no sé

beginagain

30 de julio de 2008, 9:25  

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